Cuaderno de Bitácora

{ Ciencia, política y absolutismo moral }

Juan Ignacio Perez Iglesias escribe este artículo titulado Un alegato contra el animalismo, en el que continúa un largo (e interesante) debate sobre ciencia y sociedad. En Twitter tiene otro título más llamativo, «Una respuesta al animalismo: estar contra la ciencia es estar contra las personas». El origen del debate es el artículo firmado por el físico Pablo Echenique (eurodiputado de Podemos), defendiendo que ahora su papel en el Parlamento es de representante público. Echenique explicaba que, a pesar de su opinión personal sobre ciertos asuntos, tendrá que votar lo que sus votantes decidan, por ejemplo, en contra de los transgénicos. Esto no sentó nada bien en una parte de la comunidad científico-divulgadora española, que ha criticado a Pablo por esa razón. Echenique, sin embargo, se situaba a favor del uso de animales para la investigación, y Ruth Toledano criticó su postura: La casta científica y el paradigma ético de Podemos. A este artículo de Ruth es al que responde Juan Ignacio Pérez.

He seguido el debate con interés, sorpresa y decepción. Interés porque los temas tratados tienen importancia: ¿Cuál es el papel de la ciencia en la política? ¿Cómo tomar decisiones que tienen un impacto en la sociedad? ¿Cómo gestionar sus riesgos? Sin embargo, el debate ha sido un tanto corporativista y, me duele decirlo, simplón. Hay un grupo de personas que se consideran a sí mismas racionalistas que pretenden el monopolio de la verdad bajo la bandera de la «ciencia», algo equivocado y harto peligroso.

Uno de los recursos retóricos que usa el partido Podemos cuando se refiere a sus propuestas es acompañarlas del calificativo «democráticas». Así, el oyente las aceptará mejor y si el «enemigo» se opone, es que es «antidemocrático». Juan Ignacio utiliza este recurso retórico cuando califica al movimiento animalista de «antimoderno» y «anticientífico». Por antimoderno se refiere a las ideas de la Ilustración. Según Pérez, el posmodernismo sustenta el relativismo cultural y animalismo. El posmodernismo también justificaría los nacionalismos, que están detrás de las ideologías nazi y estalinista, los más anti-científicos y anti-modernos de todos. Así que, ¿quién se va a oponer a la modernidad y a la ciencia?

Animalismo. Posmodernismo. Estalinistas. Nazis. Está claro ¿no? En este punto bastaría citar la Ley de Godwin para que Toledano reclamara la victoria en la confrontación. Pero siendo generosos, y haciendo la excepción, el problema es que ¡todo es un disparate argumental! Parece que últimamente está de moda despreciar la filosofía desde las filas divulgadoras-científicas, como hizo recientemente Neil deGrasse Tyson. Reconozco mis enormes limitaciones en este campo, así que no trato de sentar cátedra: creo que esta respuesta estaría mucho mejor hilvanada por un buen filósofo. Pero, a la vista de la popularidad de los argumentos de Juan Ignacio entre mis conocidos, voy a desmontar algunos argumentos que para mi son claramente falsos. Vayamos por partes.

¿Existe una moral científica?

No, no existe tal cosa. De la ciencia no se deriva que se tenga que experimentar, o no, con animales. Dicha decisión no es en sí misma científica, o anticientífica. Es un dilema moral. Si bien los dilemas morales se pueden estudiar científicamente, el dilema permanece fuera del ámbito científico. En filosofía se denomina el problema del ser y el debe ser. David Hume afrontó la cuestión en el «Tratado de la naturaleza humana», allá por 1740. Copio directamente de la Wikipedia.

«En todo sistema de moralidad que hasta ahora he encontrado, siempre he notado que el autor procede por algún tiempo en los modos ordinarios de razonamiento, y establece la existencia de Dios, o hace observaciones concernientes a los asuntos humanos, cuando de pronto me veo sorprendido de encontrar, que en vez de los enlaces usuales de las proposiciones, es y no es, encuentro que no hay ninguna proposición que no esté enlazada con un debe, o un no debe. Este cambio es imperceptible; pero es, sin embargo, de grandes consecuencias. Pues como este debe, o no debe, expresa una nueva relación o afirmación, es necesario que sea observada y explicada; y que al mismo tiempo se dé una razón, para lo que parece totalmente inconcebible: cómo esta nueva relación puede ser una deducción de otras, que son completamente diferentes de ella».

Este problema del «ser» y «debe ser» lleva atormentando a los pensadores durante más de tres siglos, y no ha sido resuelto satisfactoriamente. Y esta distinción es importante, porque la ciencia trata de lo que «es» y de lo que «no es». Por supuesto que hay intentos desde el campo científico para atacar el problema del «debe ser». Uno de los más recientes es el realizado por el neurocientífico Sam Harris, autor del libro The Moral Landscape: How Science Can Determine Human Values. Harris apostó 2000 dólares a que nadie pondría en cuestión su tesis, y perdió contra el filósofo y científico cognitivo Ryan Born. Harris propuso una moral basada sólo en dos axiomas. Y sin embargo, olvidó demostrar científicamente la realidad moral de dichos axiomas -algo que la ciencia se resiste a poder hacer.

Por tanto, cuando un científico habla de cómo es la naturaleza, el «es» o «no es», debemos prestar mucha atención. Pero cuando un científico se refiere a cómo «debe» o «no debe ser» la sociedad, hay que extremar el cuidado porque la autoridad ya no es la de la bata de laboratorio, sino la del hábito de púlpito -si me permiten este travieso símil. El científico no puede olvidar que es un ser humano, y como tal, está sometido a la irracionalidad. La propia neurociencia nos dice que no somos seres racionales, sino racionalizadores: nuestras mentes primero toman decisiones y luego tratamos de argumentarlas.

A pesar de ello, parece común entre los humanistas la idea de que existe una moral universal de la misma forma que existen leyes físicas universales, y que en algún momento los científicos la desentrañarán. Y al ser objeto de la ciencia, serán los científicos los más preparados para dilucidar cuestiones éticas. Pero ésto, en el mejor de los casos, se trata de una hipótesis sin demostrar. Y en el peor, un acto de fe en otra ideología que aspira como tantas otras al absolutismo (por supuesto, siempre con las mejores intenciones). El problema filosófico del «ser» y «debe ser» tiene profundas ramificaciones. Los legisladores también huyen de este nihilismo ético y apelan a la existencia de un supuesto derecho natural universal. Entiendo que los ateos aborrezcamos la idea de que nuestra moral es básicamente irracional, porque nos puede situar a un palmo de distancia de los creyentes religiosos. Y sin embargo, la posición científica y racional es que la existencia de tal moral absoluta y universal no está demostrada.

(Dejemos volar un poco la imaginación. Supongamos por un momento que Sam Harris hubiese descubierto realmente unas leyes morales universales a partir de los cuales deducir el «debe ser», y que fuera posible construir una «Máquina Moral» que infiriera todos los derechos humanos, las constituciones, que evaluara la bondad de las leyes, las políticas, los dilemas colectivos e individuales. La máquina sustituiría a jueces y a legisladores. Sería el fin de las ideologías y el de la responsabilidad. Quizás incluso de la libertad de pensamiento... ¿No suena bonito?)

El peligro del absolutismo moral científico

Debatía hace unas semanas con el propio Juan Ignacio Pérez que me parecía que el papel de los científicos como intelectuales durante esta crisis económica había sido, a mi parecer, corporativista, escaso y pobre. Sin embargo, al hilo de este debate, y visto los argumentos esgrimidos, estoy reconsiderando mi postura: casi prefiero que haya sido así. Hay quienes pretenden que científicos suplanten a los políticos y a la sociedad la capacidad de decisión sobre lo qué está bien y mal. En base a sus conocimientos científicos pretenden poseer una moral cualitativamente superior: supuestamente racional e universal.

Decía Pérez: «Si no se acepta que los seres humanos han de tener prelación absoluta [...] quiebra un principio básico. Esto no es discutible». En absoluto. No es discutible... Una de las frases que he detestado tradicionalmente es «El sueño de la razón produce monstruos». Pérez dice, incluso, que cuando se critica a la ciencia por sus monstruosidades confundimos interesadamente a la ciencia, que es neutral, con su uso. En el fondo estamos de acuerdo, el conocimiento en sí mismo es neutral, pero la ciencia no es un ente completamente abstracto. La practican los científicos, que son humanos y tendentes a las mismas proezas y horrores que el resto de la sociedad. Y los científicos no trabajan en laboratorios financiados por generación espontánea, lo hacen por gobiernos, ejércitos, industrias, ONGs… cada uno con sus motivaciones y prioridades. Tendremos que recordar, tratando de evitar la Ley de Godwin, cuán peligroso puede llegar a ser este intento de supremacía moral.

A finales del siglo XIX un tal Darwin escribió uno de los libros más importantes de la ciencia, «El origen de las especies». Darwin explicó la teoría de la evolución a través de la selección natural. Sobra decir que la teoría de la evolución ha tenido un profundo impacto filosófico en nuestra civilización. Ofreció una explicación racional al origen de la especie humana y del resto seres vivos del planeta. Además, hizo superflua la invocación a fuerzas sobrenaturales para explicar nuestra existencia. Por supuesto, ha sido demostrada hasta la extenuación.

Un pariente lejano de Darwin, el científico Francis Galton, desarrolló investigaciones para determinar la variabilidad genética humana. Para ello desarrolló nuevas herramientas estadísticas: a Galton debemos la invención de la desviación estándar, la correlación y la regresión. En 1883, Galton propuso el concepto de eugenesia: si existían factores hereditarios que hacían mejor a unas personas que a otras, debíamos mejorar la civilización favoreciendo la reproducción de los más aptos. En 1909, Galton era presidente honorario de la Eugenics Education Society (EES), organización que publicaba la revista «Eugenics Review». En 1912 se celebró el I Congreso Internacional de la Eugenesia, al que acudió Wiston Churchill. Posteriormente, un nieto de Darwin, Charles Galton Darwin, fue también presidente de la EES. Charles fue físico y director del National Physical Laboratory inglés.

Otro proponente de la eugenesia fue Alaxender Graham Bell, quien investigó la sordera en una región de Massachusets y propuso prohibir el matrimonio entre sordos. Y con el tiempo, de la eugenesia pasiva se pasó a la activa: algunos propusieron que no sólo había que promover la reproducción de los más aptos, sino impedir que los «menos aptos» tuvieran descendencia. En una entrevista en 1937, Nikola Tesla decía:
«El único método compatible con las nociones de civilización y raza para evitar la reproducción de los no aptos es la esterilización y la orientación intencionada del instinto de apareamiento».

Cualquier lector con un mínimo de conocimientos históricos será consciente del sufrimiento que produjeron las teorías, políticas y prácticas eugenésicas durante todo el siglo XX. Evitando la Ley de Godwin: Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Noruega, Francia, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Islandia y Suiza tuvieron durante el siglo XX programas estatales de esterilización de deficientes mentales. En EEUU no se abolieron este tipo de leyes hasta los años 60.

La eugenesia es otro caso de confusión entre «es» y «debe ser». Aunque en la naturaleza observemos que los más fuertes sobreviven (que no es lo que dice exactamente la selección natural) no podemos deducir de ahí el imperativo moral de favorecer a los más fuertes a costa de los débiles. El origen y desarrollo de las políticas de eugenesia activa contaron con la participación, colaboración y aprobación de científicos, médicos, «modernos» e «ilustrados». Y si creen que el debate está ya cerrado, el humanista Richard Dawkins apoya la eugenesia, en concreto, el uso de ingenería genética para mejorar a los humanos.

¿El animalisto es anti-moderno?

Dice Pérez que no podemos «negarle a la ciencia su carácter objetivo y un superior valor epistemológico por comparación» y que «la misma lógica que opera en la elaboración del relativismo cultural también puede aplicarse al relativismo moral». Es correcta la denuncia del posmodernismo cuando éste pretende falsear el conocimiento obtenido gracias a la ciencia. Pero cuando se hace el símil entre el relativismo cultural y el moral, volvemos al desliz que denunciaba Hume, la confusión entre «es» y «debe ser». No, no puede aplicarse la misma lógica, porque mientras que es fácil demostrar que las matemáticas o la física no dependen de la cultura que las aplique, la existencia de una moral universal no está demostrada.

«[...] del mismo modo que no se podría afirmar la superioridad de la cultura occidental y, por lo tanto, de su más elaborada expresión colectiva -la ciencia- con relación al conjunto de culturas del mundo, tampoco se podría sostener la existencia de una diferencia cualitativa esencial entre los seres humanos y el resto de los animales, por lo que no habría razones morales para anteponer nuestros derechos a los de ellos, ni nuestro bienestar o nuestra salud, a las de ellos».

La cuestión del derecho de los animales precede al posmodernismo y viene de viejo. René Descartes trató el asunto, aunque para opinar en contra. Uno de los pensadores más influyentes de la Ilustración, John Locke, afirmó que los animales tenían sentimientos, y por tanto, la crueldad contra ellos era inmoral. Inmanuel Kant también se opuso a la crueldad con los animales. Y Jean-Jacques Roussueau, otro de los nombres estelares de la Ilustración, argumenta que se debería hacer partícipes a los animales del derecho natural: «Si me veo obligado a no inflingir daños a mis criaturas amigas, no es tanto porque sean racionales sino porque son seres que sienten». Desde el siglo XVII existen legislaciones que han ido ofreciendo niveles mayores de protección hacia los animales -hoy en día a especies enteras. Así, por tanto, el «animalismo» precede con mucho al posmodernismo que tanto denuncia Pérez.

¿Y de todo esto, qué dice la ciencia? Bueno, la ciencia dista mucho de afirmar que los humanos somos algo completamente diferente al resto de seres vivos, más bien lo contrario. A diferencia de los textos religiosos, la teoría de la evolución de Charles Darwin explicó que somos una especie más entre las muchas que habitan y han habitado el planeta. Tenemos ancestros comunes y compartimos el código genético con todos los seres vivos de la Tierra. Específicamente, compartimos el 99% de los genes con los chimpancés y los bonobos. Hace unos miles de años, compartíamos el planeta con otras especies «humanas», aunque ahora seamos la única que sobrevive.

Así pues, si el parentesco genético entre nosotros y los primates es tan grande, ¿por qué se rechaza de forma tan categórica el debate animalista? A pesar de lo dicho, quienes apoyan dar más derechos de los animales no son necesariamente anti-modernos, ni anti-científicos.

La casta científica

En el capítulo 16 de El mundo y sus demonios, titulado «Cuando los científicos conocen el pecado», Carl Sagan afirmó:

«Cuando la investigación científica proporciona unos poderes formidables, ciertamente temibles, a naciones y líderes políticos falibles, aparecen muchos peligros: uno es que algunos científicos implicados pierden la objetividad. Como siempre, el poder tiende a corromper. En estas circunstancias, la institución del secreto es especialmente perniciosa y los controles y equilibrios de una democracia adquieren un valor especial».

En este pasaje Sagan relata su enemistad con Edward Teller, el padre de la bomba de hidrógeno, y promotor del programa de escudo antimisiles Guerra de las Galaxias. La influencia de Teller en la política estadounidense (y por tanto, en la global) era enorme y, según Sagan, habría evitado la firma de tratados internacionales contra la proliferación de armas nucleares. Kubrick se basó en él para la película «¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú». Argumentaba Sagan que los científicos no pueden esconder su responsabilidad tras la neutralidad de la ciencia cuando están directamente implicados en proyectos de dudosa moral. Recordemos las teorías eugenésicas expuestas en párrafos anteriores. Y en la actualidad, cuando un tercio de los matemáticos estadounidenses trabajan en la NSA, no se puede apelar a la amoralidad de la ciencia: su complicidad con el espionaje indiscriminado y global es irrevocable.

Se demuestra una vez tras otra que los científicos son humanos y falibles. El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los sistemas democráticos tienen mecanismos para repartir y confrontar el poder, y renovarlo o reemplazarlo periódicamente. Tratan así de evitar abusos -o más bien, de impedir que los abusos perduren en el tiempo. ¿Implica ésto la desautorización de la ciencia como herramienta de conocimiento? ¿Debemos decidir en asambleas la naturaleza de la materia oscura? Claro que no, esta simplificación del debate es simplemente maniquea. En esta civilización altamente influenciada por el desarrollo científico y tecnológico, es crucial el papel de los científicos para explicar los avances y orientar (o alertar) a la sociedad sobre sus implicaciones. Pero no corresponde a la comunidad científica la responsabilidad de decidir lo que está bien y lo que está mal. Esa es la misión corresponde, en primer término a la sociedad en su conjunto y, por delegación, a los representantes públicos elegidos democráticamente.

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Categorías: Política, Ciencia
Publicado el 2014-06-18 | 2 Comentarios | Enlace


{ La responsabilidad social de la comunicación científica }



Ya se han estrenado más de la mitad de episodios de la nueva serie de Cosmos, y sigo sosteniendo que estamos ante una serie excepcional. Aunque las imágenes no siempre acompañan, el guión es muy bueno -y por eso, los pequeños errores, chirrían. Lo que parece quedar claro de esta nueva versión de Cosmos es que los guionistas se han tomado en serio su lucha contra las creencias anticientíficas.

En casi todos los episodios de Cosmos nos encontramos con uno o varios contraargumentos dedicados a los creacionistas, grupos religiosos que creen en una interpretación literal de la Biblia. En el capítulo 7 de "Cosmos: Una odisea en el espacio-tiempo" cuentan la historia de un geoquímico estadounidense, Clair Cameron Patterson. Este científico, tras muchos años de investigación, comparó la abundancia de isótopos de plomo en las rocas terrestres y en los meteoritos, y determinó en 1956 la edad de la Tierra con mucha precisión, unos 4.550 millones de años. El propio Neil Tyson cuenta en el mismo episodio el origen de la creencia creacionista de que el Universo fue creado hace 6.500 años, usando referencias a algunos personajes históricos que aparecen en el Antiguo Testamento.

Sin embargo, para mi una de las cuestiones más destacables del episodio es cómo la búsqueda de conocimiento científico se convierte en una cuestión de responsabilidad social. Uno de los problemas a los que se tuvo que enfrentar Clair Patterson para calcular la abundancia relativa de isótopos de plomo fue la contaminación de plomo en el ambiente. ¿Provenía de una fuente natural? Patterson pensaba que no, que debían provenir de los escapes de los coches, ya que desde 1923, la gasolina incluía tetraetilo de plomo. Pero debía probarlo. Para ello, estudió las concentraciones históricas de plomo en los océanos y en los hielos polares. De esta forma concluyó que los niveles de plomo habían crecido en el Hemisferio Norte en la época en la que el tetraetilo de plomo comenzó a usarse en la gasolina. Demostrada su hipótesis, y conociendo la toxicidad del plomo, Patterson comenzó entonces una campaña para denunciar su uso en la gasolina y exigir su retirada del mercado.

Bill Bryson también da cuenta de la historia de Patterson en su enciclopédica y entretenida Una breve historia sobre casi todo. Pero para el geoquímico estadounidense lo que continuó no fue nada divertido. La Ethyl Corporation comenzó a presionarlo. De esta forma, tanto el Instituto Americano de Petróleo como el Servicio de Salud Pública de EEUU le retiraron la financiación para sus investigaciones. Empresarios del plomo intentaron que el Instituto Tecnológico de California, donde trabajaba Clair C. Patterson, lo despidiera o al menos, silenciara sus críticas.

Además, Patterson tuvo que vérselas con sus colegas de su profesión. En “Cosmos” muestran cómo Patterson luchó contra la opinión científica de Robert Kehoe. El doctor Kehoe era el asesor médico principal de Ethyl Corporation. Las empresas petroquímicas habían financiado generosamente el Laboratorio Kettering del Dr. Kehoe en la Universidad de Cincinnati. A finales de los años 20, Kehoe afirmó que no había ninguna evidencia para concluir que el combustible con plomo supusiera ningún riesgo para la salud. Además, convenció al Cirujano General (asesor de la Presidencia en asuntos de salud), que no existía ningún efecto adverso por debajo de cierta dosis, que situó en 100 µg/m3. La influencia de Robert Kehoe, y la de sus mecenas, retrasó durante décadas la prohibición del uso de plomo. El Principio de Kehoe, aún en plena vigencia, aconseja que, en ausencia de evidencia de riesgos, lo mejor es no actuar.

Tras muchas investigaciones, al final se vio que Patterson tenía razón, y en 1973 se aprobó una ley en EEUU para la eliminación gradual del plomo en la gasolina. Cada vez que vamos a una gasolinera y leemos “sin plomo”, podemos recordar que es gracias a un geoquímico que investigaba la edad de la Tierra.

¿Científicos al servicio del interés público?

PZ Myers opina que el guión de Cosmos es muy generoso con Robert Kehoe, dada su responsabilidad en un asunto mayor de salud pública. Y seguramente está en lo cierto. Desde que Carl Sagan estrenara Cosmos en 1980, muchas cosas han cambiado. Así como el Cosmos presentado por Tyson denuncia las creencias creacionistas y el abuso de las empresas, Sagan estaba obsesionado con la influencia de las pseudociencias, pero sobre todo, por el peligro que suponían las armas atómicas. No era el único. Muchos de los padres del Proyecto Manhattan, que desarrolló la bomba atómica, se convirtieron en anti-militaristas tras la finalización de II Guerra Mundial. Pero sus esfuerzos dieron pocos frutos, porque EEUU y la URSS se enzarzaron en una carrera armamentística que puso a nuestra civilización al borde de un conflicto de proporciones apocalípticas.

Tras el estreno de Cosmos, Carl Sagan se convirtió en un activista político en contra de la carrera armamentística. Fue uno de los autores de la teoría del invierno nuclear, del cual alertó. Y concretamente se opuso al proyecto Iniciativa de Defensa Estratégica, también conocido como “Guerra de las Galaxias”. Sagan, convertido en personaje mediático gracias (en buena parte) a Cosmos, se enfrentaba así a los planes del presidente Ronald Reagan, pero sobre todo a los de Edward Teller, el padre de la bomba de Hidrógeno. Teller, físico húngaro emigrado a EEUU, fue uno de los principales promotores de la “Guerra de las Galaxias”, un escudo antimisiles intercontinentales. El problema es que esta iniciativa podía poner en peligro el equilibrio (altamente inestable) de la Destrucción Mutua Asegurada, que prevenía el ataque preventivo de cualquiera de los bandos. Finalmente, fueron las reformas impulsadas por Mijail Gorvachov en la URSS las que acabaron con la Guerra Fría.

Quizás sea normal que ahora Cosmos no esté tan preocupada por el papel de los científicos en la esfera pública. Pero tanto antes como entonces, las empresas privadas y los gobiernos tienen agendas que no siempre coinciden con el interés general. Las empresas petroleras continúan teniendo en su nómina a científicos dispuestos a sembrar dudas. Los países continúan financiando el desarrollo de armamento de alta tecnología. Y en ocasiones, las fronteras entre los intereses privados y públicos ni siquiera están claros. Tal y como explicaba en mi charla de Naukas Bilbao el año pasado, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) contrata a un tercio de todos los matemáticos del mundo. Los documentos revelados por Edward Snowden indican que han implementado, y hasta subvertido, tecnologías para espiar Internet a una escala global, y no tanto para la lucha antiterrorista, como para el espionaje comercial.

Sin embargo, nuestros mensajes a la hora de divulgar ciencia suelen ser tan neutrales como Cosmos con Kehoe. La divulgación científica se ha convertido en una gran campaña de propaganda para lavar la imagen de la ciencia. Y de esta forma hemos olvidado algunas de las más dolorosas lecciones de la humanidad. El cliché de científico loco puede parecer eso, un mito, pero las bombas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki no fueron creadas por malvados militares. No podemos mirar hacia otro lado pretendiendo que no son científicos e ingenieros los que desarrollan tecnologías que luego se usan para espiar a miles de millones de ciudadanos o acabar con civiles mediante control remoto. Hoy como ayer, es nuestro deber hablar tanto de la pasión por el conocimiento, como criticar la colaboración de científicos en proyectos que ponen en riesgo nuestra sociedad. Es nuestra responsabilidad como comunicadores científicos.

Referencias
- Clair Patterson and Robert Kehoe's paradigm of "show me the data" on environmental lead poisoning.
- Patterson and Kehoe, and the great lead debate, PZ Myers.
- Maths spying: The quandary of working for the spooks, New Scientist.

Esta entrada participa en la campaña de Global Voices #LunesDeBlogsGV.

Publicado el 2014-05-06 | 8 Comentarios | Enlace


{ Las claves de "Cosmos: Una odisea en el espacio-tiempo" }


Con muchísima expectación, el pasado domingo se estrenó el documental Cosmos: Una odisea en el espacio-tiempo. Se trata de la sucesora de Cosmos: Un viaje personal, una de las series documentales más populares de todos los tiempos. “Cosmos” acercó la ciencia a 500 millones de personas, y sirvió de inspiración a miles de jóvenes a apostar por la carrera investigadora. Durante los 35 años que han pasado desde su estreno, la serie y su carismático presentador, Carl Sagan, se han convertido en iconos de la divulgación científica. Al anunciarse la nueva serie, fans de todo el mundo esperaban ansiosos su estreno. Cómo no, yo entre ellos.

La pregunta a responder es obvia: ¿qué me ha parecido? Ya aviso al lector que mi respuesta no va a ser corta. Como diría Gandalf: ¡huye insensato! Todavía estás a tiempo :) … ¿Aún estás aquí? Bueno, pues te invito a compartir conmigo algunos pensamientos sobre la antigua y la nueva serie. Si no has visto “Cosmos”, sigue leyendo para ponerte en contexto.

Cosmos: Un viaje personal

“Cosmos: Un viaje personal” fue una serie de 13 capítulos que se emitió por primera vez en EEUU en el año 1980. El documental trataba de hacer atractivo el mundo de la ciencia al gran público. Se trató de un proyecto personal de Carl Sagan. Sagan era un astrónomo que se había hecho el científico más popular de EEUU por sus apariciones en el ‘late night’ de Johnny Carson en los años 70. La pasión de Sagan era la vida en el Universo. Creció leyendo novelas de Edgar Rice Burroughs, en especial las de John Carter de Marte, que describía una civilización de marcianos. Sagan estuvo involucrado en todas las misiones de exploración planetaria de la NASA desde los años 60 hasta su fallecimiento en 1996: Viking, Pioneer, Voyager, Galileo... Poseía una visión racionalista del mundo y creía que los científicos tenían obligación de educar al público en cuestiones científicas. Sus primeros libros fueron “Vida inteligente en el Universo” y La conexión cósmica. En 1975, Sagan ofreció en una Universidad de Toronto la primera Conferencia Memorial Jacob Bronoswki sobre Filosofía Natural, que fue convertida en libro. Publicado en 1978, Dragones del Edén se convirtió en un éxito de ventas y brindó a Sagan un prestigioso Premio Pulitzer.

Jacob Bronowski fue un matemático, biólogo, actor y poeta, presentador de una serie documental de gran éxito en la televisión pública británica. El ascenso del hombre: Una visión personal consta de 13 episodios y se estrenó en 1973 en la BBC. Bronowski recorre la historia de la humanidad, destacando la importancia del conocimiento científico. En la serie se muestra a Bronowski en diferentes lugares del mundo, y también se recrean con actores algunos momentos destacados de la ciencia. El director de la serie era Adrian Malone y ganó un premio Emmy al mejor programa documental.

En octubre 1976, Gentry Lee convenció a Sagan para crear una empresa que produjera programas y películas de contenido científico. Lee era un ingeniero que también trabajaba en el programa de exploración planetaria de la NASA. Ambos estaban disgustados por la escasa cobertura mediática de las misiones robóticas a Marte en comparación con las misiones tripuladas a la Luna. Pensaban que el público se mostraría muy interesado en la exploración planetaria si hubieran programas que relataran los descubrimientos. Además, Sagan se mostraba muy contrariado por la cantidad de tiempo dedicado en los medios de comunicación a la pseudociencia. Ese mismo mes, Sagan recibe una oferta para presentar una serie de 13 capítulos «similar al “El ascenso del hombre” de Bronowski. Sería para la PBS. La serie exploraría la responsabilidad de la humanidad en explorar lo desconocido». Aceptaron de inmediato y para dirigir la serie, contrataron al mismo Adrian Malone.

Otros responsables de Cosmos a destacar son los co-guionistas, que incluyen el propio Sagan, Ann Druyan y Steven Soter. Éste último era un científico planetario cercano a Carl. Sagan había conocido a Ann Druyan en 1974, y por entonces era una aspirante a escritora. Colaboraron para el disco de oro de la Voyager que contiene un mensaje para aquellas hipotéticas civilizaciones extraterrestres que se encuentren con la sonda interestelar. Durante la gestación de “Cosmos”, se enamoraron. Druyan ejerció una enorme influencia en Carl Sagan. Pero su amor complicó su situación personal. Durante la producción de “Cosmos”, Sagan tuvo que enfrentarse a un complicado divorcio.

“Cosmos” contó con un gran presupuesto, de 6 millones de dólares para la producción y 2 millones de dólares para la promoción. Durante los tres años de producción, rodaron en 40 localizaciones alrededor del mundo. Cada capítulo constaba de una hora, presentado en solitario por Carl Sagan. En ellos no sólo se limitaba a explicar conceptos científicos de forma más o menos didáctica. “Cosmos” ofrecía una visión multidisciplinar del conocimiento y del ser humano, relacionando de forma amena la historia, la física, la química, la biología o la astronomía.

Tras su estreno, la serie fue un gran éxito. Ganó múltiples galardones, fue emitida en 60 países y acumuló una audiencia de 500 millones de personas. El libro que acompañó a la serie continúa hoy re-editándose en muchos países, incluído España. Incontables científicos en todo el mundo deben su vocación a la serie. En palabras de Keay Davidson «“Cosmos” supuso para los documentales científicos lo que “2001: Una odisea en el espacio” fue para las películas de ciencia ficción».

¿Cuáles son las claves del éxito de “Cosmos: Un viaje personal”? La serie fue la primera en utilizar los efectos especiales de forma prominente. Algunas de las secuencias más recordadas son el calendario cósmico, la reconstrucción de la Biblioteca de Alejandría o la animación por ordenador de la evolución de la vida en la Tierra. Para la banda sonora contaron con temas clásicos, y de vanguardia, como la música electrónica de Vangelis. Pero, indudablemente, el ingrediente estrella es el carisma de Carl Sagan. Como espectador, uno realmente siente que Sagan está a su lado guiándole por la mayor historia jamás contada. Su forma de hablar resultaba peculiar y el doblaje en España realizado por José María de los Ríos es uno de los más aclamados. Pero además, el mensaje era excepcional y, quizás, irrepetible. Sagan logró transmitir mejor que nadie la pasión por la búsqueda de la vida en el Universo, y en ese contexto, el cósmico, situaba a la humanidad, que en 1980 se enfrentaba a la posibilidad de una guerra nuclear entre el bloque occidental y el soviético. El pensamiento racional y el conocimiento era, para Sagan, lo que podía evitar un inminente apocalipsis. Según Gentry Lee, “Carl probablemente tocó más corazones y mentes que cualquier otro científico en la historia”.

34 años después del estreno de “Cosmos”, el mundo es el mismo, pero sus habitantes no.

Cosmos: Una odisea en el espaciotiempo

Diez años después de que Cosmos se estrenara, se publicó una nueva versión actualizada. Al final de cada episodio se grabaron nuevas escenas en las que Carl Sagan explicó avances científicos relevantes. Sagan murió en 1996, meses antes del estreno que la película “Contacto”, proyecto que ideó tras “Cosmos”. Dos décadas después, la serie no sólo ha quedado obsoleta en cuanto a la ciencia, sino también a la técnica. Los efectos especiales han envejecido mal y el ritmo pausado resulta poco atractivo para el telespectador actual.

Desde hace más de 15 años, Ann Druyan ha intentado mantener vivo el legado de Sagan. Reeditó en DVD una versión remasterizada de “Cosmos” en 2000 y consiguió que “The Science Channel” emitiera la serie en televisión para conmemorar el 25 aniversario, en 2005. Entonces se embarcó en la difícil tarea de realizar una nueva serie a la altura de la primera. Druyan recibió varias ofertas, que rechazó porque no ofrecían, libertad en cuanto a los contenidos.

En 2010, en una reunión entre científicos y artistas de Hollywood, coinciden Neil deGrasse Tyson y Seth MacFarlane. El primero es director del Planetario Hayden de Nueva York y el segundo es el creador de la serie “Padre de familia”. En esa conversación, MacFarlane comenta a Tyson su interés en dedicar parte de su fortuna en algo que realmente marcase una diferencia en el mundo. Tyson le cuenta que Ann Druyan está intentando hacer una nueva versión de “Cosmos” y MacFarlane se entusiasma por el proyecto. MacFarlane organizó una reunión entre Ann Druyan y los ejecutivos de programación de la cadena Fox. Y el proyecto consiguió luz verde.

Para el nuevo proyecto, además de a MacFarlane, Druyan involucra al otro co-guionista de la serie original, Steven Soter. Y como presentador, seleccionan al mismo Neil Tyson. En EEUU, este astrofísico de Harvard saltó a la mala fama tras la reapertura del Planetario Hayden en 2001. Como director de la institución, situó a Plutón en el grupo de pequeños cuerpos exteriores en la exposición sobre el Sistema Solar. ¿Plutón no es un planeta? Solo en Nueva York rezaba el titular de un poco halagador artículo publicado en el diario New York Times. Cuando en 2006, la Unión Astronómica Internacional degradó a Plutón del estatus de planeta, los medios reclamaron la opinión de Neil Tyson. El estilo extrovertido y humorístico de Tyson para explicar conceptos astronómicos lo convirtió, como Sagan, en habitual de los ‘late nights’ televisivos, disparando su popularidad.

Para dirigir la nueva serie, los productores contrataron a Brannon Braga, quien ha sido productor ejecutivo de varias series de “Star Trek” (“La nueva generación”, “Voyager” y “Enterprise”). Como director de fotografía contaron con Bill Pope, responsable de “Matrix”, “Spider-Man” o “Scott Pilgrim contra el mundo”. Para la música, han vuelto a contar con el compositor de bandas sonoras Alan Silvestri (Regreso al futuro, Contacto). En total, cerca de mil personas han estado involucradas en la producción del nuevo “Cosmos”, 200 de ellas en la creación de los efectos especiales.

Al igual que la serie original, la campaña de promoción de “Cosmos: Una odisea en el espacio-tiempo” ha sido inédita para un documental. El estreno del trailer se realizó en la convención “Comic Con” de San Diego en julio de 2013, arrancando la ovación del público. Durante las semanas anteriores al estreno, en marzo de 2014, tanto Tyson como otras personas del equipo han sido entrevistados en un gran número de medios. En las redes sociales se creó una expectativa inusitada entre los aficionados a la ciencia, y los amantes del “Cosmos” original. Para el estreno, la cadena Fox apostó muy fuerte. El presidente de EEUU, Barack Obama realizó una breve declaración, destacando los valores de “Cosmos”. El primer episodio se emitió simultáneamente en 10 de los canales de Fox. Y en días posteriores, se ha estrenado en más de 30 países. La audiencia ha sido muy alta, atrayendo a 12 millones de espectadores en EEUU. “Cosmos” se situó como el tercer programa más visto del día, compitiendo de tú a tú con estrenos de series.

Cosmos: En mitad de la Vía Láctea

1600 palabras después, vuelvo a la pregunta original: ¿qué me ha parecido el primer capítulo de este nuevo “Cosmos”? Lo cierto es que el primer visionado me dejó un poco frío. Ha habido colegas a los que les encantó y otros que creen que se ha mancillado el nombre de Carl Sagan. Tras el quinto visionado y una decena de artículos después, tengo las ideas más claras.

Lo primero, es que el nuevo Cosmos ya no es un viaje personal. Como se deja claro en el prólogo y epílogo del capítulo, Neil deGrasse Tyson recoge el testigo de Carl, pero hace referencia al carácter colectivo de la ciencia. Neil, pues, no es el centro de “Cosmos”, sino parte de un equipo. En general, Tyson está muy correcto, y tanto su presencia como su voz son eficaces. Sin embargo, el primer episodio sólo muestra destellos de su dinámico carisma en directo.

En segundo lugar, el nuevo “Cosmos” es más denso que el primero. He contado las palabras del guión de “En la orilla del océano cósmico” y “En medio de la Vía Láctea” y poseen un número muy similar, a pesar de que la serie original tenía 15 minutos más de metraje (1 hora versus 45 minutos). Pero no sólo es denso en palabras, sino también en conceptos. En ambas series hacemos dos viajes. En “En la orilla del océano cósmico”, Sagan nos introduce a su “Nave de la imaginación” y primero viaja por el espacio, desde los cúmulos de galaxias hasta la Tierra. Luego, al final del episodio, realiza un viaje por el tiempo, utilizando el Calendario Cósmico, desde el comienzo del Universo a nuestros días. En “En mitad de la Vía Láctea”, Tyson realiza también esos dos viajes por el espacio y por el tiempo con su propia “Nave de la imaginación”. La nueva serie muestra mayor profusión de conceptos científicos (planetas errantes, radiación infrarroja, supercúmulos de galaxias, multiversos, etc). El nuevo calendario cósmico, además, recibe el doble de metraje que la versión original, pasando de 7 a 14 minutos. La densidad no es mala per sé, y de hecho premia el re-visionado del capítulo. Y, al contrario que la serie original, los espectadores disponemos de Internet para rellenar de inmediato cualquier laguna explicativa.

En tercer lugar, el empaque audiovisual del nuevo “Cosmos” tiene pocos competidores. La presencia de nombres del mundo cinematográfico no es casualidad, empezando por Seth MacFarlane y pasando por Bill Pope. Los productores han pretendido dar a la serie una “textura fílmica” a la serie documental. Esto es evidente desde los títulos de crédito al comienzo, con la tipografía de reminiscencias cinematográficas y música de Alan Silvestri (que realza especialmente bien los momentos dramáticos con Giordano Bruno). La “Nave de la imaginación” es mucho más convincente que el decorado simple del “Cosmos” original. Los movimientos de cámara son sofisticados, tanto en la “Nave” como en exteriores. En cuanto a las imágenes por ordenador, si bien no todas son completamente originales o excepcionalmente detalladas, mantienen un nivel alto de calidad y son relevantes al guión. Una de mis quejas recurrentes en los documentales es el abuso de las imágenes, usadas fuera de contexto y repetidas para rellenar, que evidencian una clara desconexión entre el guionista y el montador. Esto no pasa ni en el viejo ni en el nuevo “Cosmos”.

En cuarto lugar, la paleta de técnicas narrativas es muy rica en “Cosmos: Una odisea”, más que en la serie original. Las posibilidades de las imágenes por ordenador permiten viajes por el espacio y el tiempo de una forma que Sagan sólo podía soñar. Creo que ésto es especialmente evidente si comparamos las dos versiones del “Calendario Cósmico”. El viaje de Tyson hasta los confines del Universo observable era imposible en la época de Sagan. Pero además, hay que destacar el uso de dibujos animados en la secuencia de Giordano Bruno y en la historia de la civilización. La animación en 2D vista en los trailers fue algo que me preocupó mucho. Parecía barata. Y de hecho, es algo que ha admitido Seth MacFarlane: la razón principal para apostar por esta técnica fue presupuestaria. Realizar recreaciones históricas, como se hizo en la serie original, con una calidad a la altura de las mejores series de hoy en día dispararía los costes del proyecto. La compañía de animación de Seth contó con un presupuesto y unos recursos bastante limitados, e intentaron suplirlo de forma creativa. Y creo que lo han conseguido. Mi escena favorita del capítulo es el segmento animado de Giordano Bruno “La revelación de la inmensidad”, en la que utilizan de forma magistral el grabado de Flammarion... ¡la imagen que encabeza esta bitácora! Además, me quedé sorprendido porque la historia animada de la humanidad tiene mucho puntos en común con el texto de felicitación navideña que hice del 2013. En definitiva, los dibujos animados son un acierto, que pueden resultar muy atractivos para un público más amplio del habitual consumidor de documentales.

Lo más controvertido del primer episodio, sin duda, ha sido la historia de Giordano Bruno. Personalmente no entendí la conexión argumental con el resto del episodio. El segmento de Bruno aparece después de especular sobre los multiversos. Steven Soter, co-guionista, ha explicado en un texto que eligieron a Giordano Bruno porque fue la primera persona que propuso que el universo era infinito, que las estrellas eran soles, y cada sol tenía mundos como la Tierra, con sus propios habitantes (afirmación matizable). La idea de multiverso, pues, estaría relacionada con la de infinidad de mundos de Giordano. Las críticas, sin embargo, señalan que Bruno no era científico ni fue quemado sólo por creer en la infinitud de mundos. Pero estas críticas al guión ignoran al propio guión. Tyson afirma «Bruno no era un científico», y el tribunal sentencia: «Se le encuentra culpable de cuestionar la Santísima Trinidad y la divinidad de Jesucristo. De creer que la ira de Dios no es eterna, que todo el mundo ser salvado. De afirmar la existencia de otros mundos». Coincido con Francisco Villatoro en que quizás Sagan no habría elegido contar esta historia, pero no por las razones que Francis esgrime, sino porque Sagan no quería enfrentamientos directos con la religión. Por contra, el tratamiento de la Iglesia Católica en la animación es bastante caricaturesco, mostrando a los clérigos como malvados a lo Disney. Si a ésto le unimos las referencias al cambio climático y a la evolución, temas de gran carga política en EEUU, ya sabemos por qué Ann Druyan quería evitar ceder el control editorial a las cadenas de televisión.

Sintetizando. Tengo la impresión de que técnicamente esta nueva serie llega mucho más lejos que la original. Y, si los capítulos siguen el mismo estilo del primero, voy a tener pocas referencias que estén a su altura. Las series Wonders del británico Brian Cox han maravillado a propios y extraños en los últimos años. Personalmente, la he comparado con el Cosmos de Carl Sagan, al menos en cuanto al carisma de su presentador. Ahora tal como entonces, la BBC sigue siendo un gigante en la producción de documentales. “Wonders” tiene una excepcional fotografía de exteriores. Pero en otros aspectos son enanos al lado de “En mitad de la Vía Láctea”. No hay ningún capítulo de “Wonders” que muestre una ambición narrativa comparable.

Y sin embargo… Y, sin embargo, es casi imposible que la nueva serie tenga el mismo impacto que “Cosmos: Un viaje personal”. Los espectadores ahora estamos mucho más dispersos que antes y estamos expuestos a una gran cantidad de información. Hay muchos más canales de televisión, algunos dedicados en exclusiva a los documentales científicos. A pesar de ello, la evolución de “Cosmos” parece querer brillar con luz propia e iluminar a una nueva generación de espectadores. Esperemos que los próximos episodios sean tan interesantes como el primero. Porque, como concluye Neil Tyson, «Nuestro viaje acaba de comenzar».

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Publicado el 2014-03-17 | 19 Comentarios | Enlace


{ Sobre la discriminación positiva }

Hoy Almudena M. Castro publica una interesante entrada en el blog Naukas sobre Blogs de ciencia, estereotipos y feminismo. Trata sobre la cuestión de que hay poca representación femenina en las conferencias de Naukas en Bilbao (en la que éste año participé con una minicharla). Éste hecho ya fue criticado el año pasado por Jaio, quien hace poco ha vuelto a cargar las tintas en su blog 44 hombres y 2 mujeres. ¿Otra vez?:

«Tengo la perversa sensación de que este colectivo de 'machos alfa' se ha propuesto imponer su ley y su criterio al margen de cualquier tipo de intento de razonamiento. Edificante este uso de la racionalidad para tanto "centífico" [léase como una ironía]. Lo aclaro por si tanta RAZÓN, les nubla la emoción. VISIBILIDAD Y PRESENCIA no es pedir nada injusto».

A Jaio, a quien aprecio, le contesté en un comentario, con cierta indignación por su forma de criticar. No tengo constancia de que en Naukas se haya se haya impedido la participación de mujeres por razones de sexo. La diferencia entre el número de mujeres y hombres es, a priori, un reflejo del estado de la blogosfera divulgativa: más hombres, que mujeres. No puedo compartir las formas de Jaio, pero sí que me preocupaba el fondo de la cuestión. Así que durante y después de las conferencias he ido atracando a propios y extraños planteándoles el dilema. Salvo algunas notables excepciones, me he encontrado con una opinión generalizada: si la organización no está discriminado activamente, ¿cuál es el problema? La alternativa, no gusta. En palabras de Almudena:

«Francamente, no creo en la discriminación positiva. Para empezar, porque no soportaría sufrirla y además, me parece injusta con mis compañeros varones. Pero, sobre todo, creo que no deja de ser algún tipo de "rescate"... pedir, otra vez, ser protegidas y mimadas, las eternas hijas de las ninfas, suspiros de alhelí, oh débiles princesas».

Iba por la misma línea de pensamiento, pero en la última semana me he visto forzado a cambiar de opinión. Durante un almuerzo en el Naukas de Bilbao, Javier de la Cueva nos criticaba por sentar cátedra en cuestiones no científicas donde hay evidencias. Javier nos indicaba que en EEUU se han realizado muchos estudios sobre discriminación positiva. Éstos indican que a largo plazo disminuyen la desigualdad. Teresa de la Fe, socióloga y también amiga, me remitió a este estudio publicado en Science, Affirmative Action Policies Promote Women and Do Not Harm Efficiency in the Laboratory:

«Gender differences in choosing to enter competitions are one source of unequal labor market outcomes concerning wages and promotions. Given that studying the effects of policy interventions to support women is difficult with field data because of measurement problems and potential lack of control, we evaluated, in a set of controlled laboratory experiments, four interventions: quotas, where one of two winners of a competition must be female; two variants of preferential treatment, where a fixed increment is added to women’s performance; and repetition of the competition, where a second competition takes place if no woman is among the winners. Compared with no intervention, all interventions encourage women to enter competitions more often, and performance is at least equally good, both during and after the competition».

Si prefieres el castellano, El País se hizo eco: Un experimento prueba la eficacia de la discriminación positiva. En Mapping Ignorance también han publicado un artículo titulado The effects of Affirmative Action policies against discrimination. Aunque el estudio es sobre el efecto de la discriminación positiva en el mercado laboral estadounidense, las conclusiones son similares: aumenta la participación de los grupos discriminados («sin pagar un coste debido a la reducción de productividad»).

Posteriormente, un amigo me criticó en privado la respuesta que le di a Jaio. Criticar las formas, creyendo que los conflictos se solventan siempre por las buenas, es un tanto ingenuo. Argumentar que la situación actual es simplemente un reflejo de la sociedad es la excusa perfecta para quedarse de brazos cruzados. Así, pues, coincido con Jaio: si quienes enarbolan la bandera del racionalismo, quienes aspiran a cultivar la sociedad, no hacen nada, ¿quién lo va a hacer?

PD: Almudena hace una llamada a la acción: si eres mujer y te gusta la divulgación, ¡abre un blog!

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Categorías: Política, Ciencia
Publicado el 2013-10-11 | 6 Comentarios | Enlace


{ Cosmos: Una odisea espaciotemporal }



En la Comic-Con de San Diego se acaba de estrenar el trailer de 3 minutos de Cosmos: Una odisea espaciotemporal, la secuela de la famosa serie Cosmos de Carl Sagan. Producida por parte del equipo original (Ann Druyan, Steven Soter), se estrenará en 2014. Contando los minutos ;)

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Categorías: Astronomía, Ciencia
Publicado el 2013-07-21 | 4 Comentarios | Enlace


{ Feliz 2013 }

Feliz 2013


Observa cuidadosamente la imagen. Más de 1.000 generaciones nos separan de esa mano. Esta persona vivió hace 30.000 años en el sur de Francia. Los pintores prehistóricos de la Cueva de Chauvet nos transportan a una época distante y distinta. Los hielos glaciares cubrían Europa hasta la Península Ibérica, y los neandertales estaban ya cerca de su extinción. Representadas en las paredes de la cueva se encuentran otras especies de grandes mamíferos, también extintos. Diestras manos como ésta dibujaron, a la luz de las brasas, rinocerontes en combate, megaceros, osos cavernarios, uros y mamuts. Un alud selló y preservó en estado pristino esta caverna, hasta su descubrimiento reciente.

Mira la palma de tu mano. Observa la imagen de nuevo. Es una mano humana. Nos referimos a los trogloditas como una especie bruta e inferior. Pero este prejuicio es difícil de sostener al contemplar lo que consiguieron. A pesar del tiempo que nos separa, la destreza, la imaginación y la abstracción que demuestran, transmiten una cualidad artística que reconocemos como netamente humana. Cualquier persona, de cualquier cultura, es capaz de verse reflejada en esos dibujos. Somos descendientes de estos pintores cavernícolas. Genéticamente, un bebé actual sería casi idéntico a un bebé nacido esa época. Lo que nos diferencia no está en los genes.

El mundo ha cambiado desde entonces. Los glaciares se han retirado de Europa. El clima se ha templado. Animales y plantas fueron domesticados. Manos como esas crearon ladrillos. Con los ladrillos, se crearon poblaciones. Con las poblaciones, se formaron sociedades organizadas. La complejidad social superó la capacidad individual. Surgió la necesidad de contabilizar grandes cantidades. Y el arte dio paso al conocimiento: hace 5.500 años, se tallaron marcas en tablillas de arcilla para representar números. A partir de ahí, y en pocos cientos de años, se inventó la escritura. Gracias a los símbolos escritos se pudo transmitir información certera al futuro. Y esto es lo que nos hizo modernos. Nuestra civilización está sustentada en la lenta acumulación de conocimiento escrito. Cómo hacer un edificio. Cómo curar una enfermedad. Cómo comenzó el Universo. El conocimiento, para ser relevante, para ser valioso, debe ser compartido.

Ahora pon tu mano sobre la imagen. Piensa en lo que compartes con ella. La longitud de los dedos. El vello. El sentido del calor. Y, ahora, piensa en las posibilidades que tú tienes, y que esa mano nunca tuvo. Tocar el piano. Resolver una ecuación. Escribir un poema.

Mis deseos para 2013: Aprende. Enseña. Crea. Comparte. Transciende. Sé humano.

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Publicado el 2013-01-01 | 3 Comentarios | Enlace


{ Moais y apocalipsis }

Como estaba previsto, el viernes pasado celebrarmos el Maratón de astronomía y astronáutica. Tuvo una excelente acogida de público, y por los comentarios de los asistentes, gustó mucho. Me queda aún más claro que el formato de minicharlas tiene un gran potencial, y mejor si va acompañado de buenos ponentes como sucedió en la jornada pasada.

Por aquí dejo mis dos presentaciones. La primera trata de la estructura del Universo, pero empieza el viaje en el Imperio español de Carlos III.



La segunda, y la última del maratón, se titula "Fin", y trata brevemente del calendario maya y qué formas conoce la ciencia para el final de la Tierra y hasta del Universo.



Por lo que veo en Twitter y en Facebook, el asunto de los mayas está sirviendo de excusa para organizar charlas de divulgación científica, donde aclarar los bulos que corren por medios de comunicación y redes sociales. Por desgracia, hay quienes han fomentado la desinformación con el fin de hacer caja. Esperemos que, como en el caso del cometa Hale-Bopp y la secta Puerta del Cielo, no tengamos que lamentar consecuencias.

Publicado el 2012-12-18 | 0 Comentarios | Enlace


{ Maratón de astronomía y astronáutica }

Maratón: Astronomía y Astronáutica

Tanto el año pasado como éste, asistí a las conferencias de Amazings en Bilbao (ahora llamados Naukas). Organizadas por Javier Peláez, Antonio Aberrón, Miguel Artime y José Cuesta, fueron la culminación de una de las apuestas más interesantes de divulgación científica en español. Su blog colaborativo reúne a un portentoso número de excelentes plumas divulgadoras. La organización de las jornadas fue arriesgada por varios motivos. La primera, es que no siempre un buen escritor es un buen ponente. La segunda, el formato, inspirado en las TED Talks: cada charla tiene un máximo de 10 minutos. ¿Es posible divulgar ciencia en 10 minutos? La demostración fue que no sólo era posible, sino que fue todo un éxito para el público asistente, que abarrotó el Paraninfo de la Universidad del País Vasco.

Si el nivel de 2011 había sido alto, en 2012 superó las expectativas. El público llenó la sala desde primera hora de la mañana y estuvo entregado los dos días de actividades. Por la tarde se llenaron incluso las salas anexas con pantallas. De este año destaco especialmente los espectáculos de Natalia Ruiz Zelmanovitch, con el cabaret Por ti no pasan los años (vídeo); y la obra de teatro de Xurxo Mariño y Vicente de Souza, Protón, la atribulada existencia de una partícula inmortal... o casi (vídeo). Estas dos puestas en escena no sólo ponen a prueba la capacidad para explicar un concepto, sino que además requieren habilidades artísticas. A mi modo de ver, están en otra liga.

Algunos canarios regresamos este año con la idea poner en marcha una actividad con el formato de mini-charlas. Estando acostumbrado a tener una hora para desarrollar un tema, condensarlo en 10 minutos es todo un reto. Con la dificultad adicional de tratar de dirigirte a un público lego, sin conocimientos o interés previos.

Finalmente los astros se han alineado y este viernes celebraremos un Maratón de astronomía y astronáutica, dentro del programa de actividades del solsticio de invierno del Observatorio Astronómico de Temisas. Hace dos semanas pensaba en que seríamos sólo tres conferenciantes, pero poco a poco se han ido uniendo otros colegas. Entre los conocidos que participarán están Daniel Marín (autor del blog Eureka y reciente ganador del premio Bitácoras al mejor blog de ciencia en español), Luis Salas (presidente del Círculo Científico de Canarias), Cayetano Santana (fundador y presidente de The Mars Society España), Israel Tejera (AstroVecindario), José Carlos Gil (Arqueoastronomía Canaria) y Lucrecia Cazorla (colaboradora del OAT).

La primera mini-charla que estoy preparando tienen por título "La Isla de Pascua y la estructura del Universo", que irá en la línea de Canibalismo cósmico, buscando temas que relacionen la historia con la ciencia. La segunda mini-charla será la que cierre la jornada, con el título de "Fin: Apocalipsis celestes", que partirá del supuesto fin del mundo maya y relatará escenarios de cataclismos cósmicos.

En mi caso, me tomo este evento como una experiencia para aprender de los errores con vista a futuras convocatorias. Aprovecho para agradecer el apoyo prestado por Daniel, Cayetano, Israel y José Carlos.

Cómo no podría ser de otra forma, si estás por Gran Canaria, ¡estás invitado!

PD: También comentan el evento Israel Tejera, Daniel Marín y Jonatan Peris.

Publicado el 2012-12-11 | 5 Comentarios | Enlace


{ El planeta extrasolar que no descubrió la NASA }

Esta semana el Observatorio Austral Europeo (ESO) ha anunciado el descubrimiento de un planeta extrasolar alrededor de alfa Centauri B. En Twitter hubo bastante movimiento el martes por la noche, cuando se levantó el embargo de la noticia y se publicaron las notas de prensa un día antes de lo planeado. Muchos medios de comunicación cubrieron la historia, que es sin duda, uno de los grandes titulares científicos del año (y los hay importantes*).

Anoche, sin embargo, recibí en el correo una nota de prensa que me llamó poderosamente la atención: NASA Statement On Alpha Centauri Planet Discovery.

«We congratulate the European Southern Observatory team for making this exciting new exoplanet discovery. For astronomers, the search for exoplanets helps us understand our place in the universe and determine whether Earth is unique in supporting life or if it is just one member of a large community of habitable worlds. NASA has several current and future missions that will continue in this search».


Vale la pena leer el texto completo. Nada menos que la NASA felicita en un comunicado oficial al ESO por el descubrimiento del planeta de alfa Centauri. Y a continuación, explica por qué sus misiones actuales no pudieron detectar el planeta, y qué podrán hacer en el futuro. Es muy significativo que la NASA salga al paso de un descubrimiento realizado por otra institución. En primer lugar, da cuenta de su trascendencia. α Centauri es el sistema estelar más próximo a la Tierra. Si algún día los humanos quisiéramos explorar fuera de nuestro sistema planetario, tendría que ser por allí.

Pero la nota también tiene otra lectura, en clave estadounidense. La NASA parece excusarse de no haber realizado el descubrimiento. El comunicado explica que el telescopio espacial dedicado a la búsqueda de planetas extrasolares, Kepler, ni observa alfa Centauri ni el método de detección que utilizan es el mismo que el utilizado por el equipo europeo. Y también aprovechan la ocasión para mencionar algunos proyectos que en el futuro podrían a desvelar más datos sobre éste y otros planetas extrasolares. A la hora de negociar mejores presupuestos, el perder relevancia internacional es un argumento político de mucho peso en EEUU (recordemos las misiones de exploración de la NASA están sufriendo las inclemencias presupuestarias).

Para finalizar. Como comenta Daniel Fischer, mientras la NASA felicita públicamente el trabajo del ESO, es probable que el público europeo lo asocie con la agencia espacial estadounidense («Espacio = NASA»). Así que vaya desde aquí nuestro reconocimiento al Observatorio Austral Europeo, que además celebra este año su 50 aniversario.

(*) El otro gran descubrimiento del año, la detección del bosón de Higgs, también fue descubierto por una institución europea, el CERN.

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Categorías: Astronomía
Publicado el 2012-10-18 | 3 Comentarios | Enlace


{ Viaje a la Luna con George Méliès y Neil Armstrong }



En septiembre de 1902, George Méliès estrenó en París su película Viaje a la Luna inspirada en los cuentos de Julio Verne. El canal TCM emitió hace poco un documental sobre el reciente proceso de restauración, ya que en Barcelona se encontró una copia en color (se pintaban a mano, fotograma a fotograma). 110 años nos separan de esa película de fantasía, desbordante. En 1902, quedaba un año para que los hermanos Wright hicieran volar su aeroplano. Y 8 años para que Ford pusiera en marcha su cadena de montaje de automóviles. Y nada menos que 25 años hasta que Robert Goddard construye el primer cohete de combustible líquido, que es el primer paso serio de la astronáutica. Desde "Viaje a la Luna" al descenso del Apollo 11 pasan 67 años, toda una vida.

A pesar de que en la época de Méliès salir de nuestro planeta era sólo un sueño de locos visionarios, quedé sorprendido por los paralelismos de Le Voyage des la Lune y el desarrollo real del programa Apolo. Con la noticia del fallecimiento de Neil Armstrong la pasada semana, decidí realizar un montaje que intercala imágenes y sonidos de la carrera espacial, especialmente del Apollo 11, en la película. La versión subida a YouTube está subtitulada al español (se aprende mucho intentando traducir jerga astronáutica).

Sirva, pues, de pequeño homenaje y recuerdo a Armstron y Méliès. Y a Verne, a Tsiolkovsky y Kepler...

Publicado el 2012-08-31 | 6 Comentarios | Enlace


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