Cuaderno de Bitácora

Dioses artificiales

Estamos en un año mágico para los amantes de la ciencia ficción. Este es el año de 2001: Una Odisea en el Espacio, escrita por Arthur C. Clarke. En el comienzo de la novela, Clarke relata las divagaciones de Moonwatcher. ¿Quien fue ese primer homínido que se preguntó qué eran las luces nocturnas del cielo? ¿Cual sería su primera hipótesis?

Tal y como propuso Carl Sagan en Cosmos, nuestros ancestros quizás pensaran que las luces de la noche eran fuegos hechos por otros. Sin embargo, debían estar muy lejos, porque por más que lo intentaban, por más que subían a un árbol más alto, a una montaña más alta, nunca se conseguían acercarse a esos fuegos. Y si estaban tan lejos, debían ser realmente grandes. ¿Quienes eran los seres que los mantenían encendidos? ¿Serían seres con un gran poder? El hecho es que noche tras noche, esos fuegos aparecen casi en el mismo lugar... Con el paso del tiempo, y tras escrutar la noche, esos ancestros descubrirían que de entre todos, algunos fuegos (los más brillantes) eran capaces de moverse. Fuegos que se mueven.

Y en 1957, llegamos más alto y colocamos nuestro propio fuego. El lanzamiento del satélite artificial Sputnik situó entre las a un tipo de objeto celeste que jamás había sido visto antes. En el 2001, son casi incontables las hogueras artificiales que pueblan nuestros cielos.



La observación de satélites artificiales

Muchos satélites pueden verse en el cielo como si fuesen estrellas. Los satélites artificiales no emiten luz propia, sino que son visibles gracias a que reflejan la luz solar. El brillo que alcancen dependerá de varios factores, como nuestro ángulo de visión, su tamaño, la reflectividad de su superficie y de los paneles solares o la distancia a la que se encuentren. En general, el brillo es insuficiente para verse de día, lo que nos obliga a observarlos de noche, y cuanto más oscuros sean nuestros cielos, mejor.

Los satélites de órbita baja, que se mueven a unos pocos cientos de kilómetros de altura sobre la superficie terrestre, aparecen como "estrellas" que se van moviendo a una velocidad considerable entre las constelaciones. Para observar satélites artificiales de órbita baja se recomienda mirar hacia el cielo 45 minutos después de la puesta de Sol y 45 minutos antes de su salida. Una vez que estamos en la noche, ya no podrán reflejar la luz del Sol.

Otro caso son los satélites son los satélites geostacionarios, que orbitan a 36 mil kilómetros. Propuestos por Arthur C. Clarke, estos satélites tienen una posición fija con respecto a la superficie terrestre (no en vano, esta órbita es llamada la Órbita de Clarke). Los satélites utilizados para televisión por antena parabólica son geostacionarios, y precisamente nuestra antena apunta a su dirección en el cielo. Por tanto, los satélites «estacionarios con respecto a la Tierra», de reflejar luz pueden confundirse con estrellas de una constelación (y seguro que más de un aficionado tiene buenas anécdotas sobre supuestos "ovnis" geostacionarios). Los satélites geostacionarios pueden ser visibles mucho más tarde (o temprano) que los de órbita baja.

En general, la mayoría de los satélites observables brillan alrededor de la magnitud 4. En ciertas ocasiones, las condiciones son favorables y producen destellos muy brillantes, como es el caso de los que pertenecen a la constelación de satélites Iridium, ya que además poseen paneles solares altamente reflectantes. Hay otros satélites que, al girar sobre sí mismos, tienen pulsos en su reflexión cuya frecuencia se corresponde con el periodo de rotación.

Tanto el Telescopio Espacial Hubble como la Estación Espacial Internacional (EEI) también pueden ser observados. De hecho, la EEI es en estos momentos el objeto artificial más brillante del cielo... ¡y todavía está en construcción! Sin embargo, predecir la visibilidad de la EEI tiene el problema añadido de cambiar constántemente de órbita debido a sus encuentros con las cápsulas Soyuz y las lanzaderas espaciales estadounidenses.

¿Cómo, cuándo, dónde?

Hay muchos programas de ordenador para calcular qué satélites pueden observarse dada una fecha y lugar. Evitando la instalación de estos programas, y haciendo uso de una simple conexión a Internet y un navegador, hablar de la predicción de observación de satélites artificiales y de la Estación Espacial en la Red es hablar obligatoriamente del web heavens-above.com (que se traduciría algo así como "allá-en-los-cielos.com"). El pequeño inconveniente de Heavens Above es que está en inglés, aunque su uso es sencillo.

Antes de poder calcular nada, seleccionamos nuestra localidad. Heavens Above nos ofrece una lista completa de paises. Al hacer clic sobre el nombre de nuestro país (por ejemplo, Spain), aparece una página con un cuadro de texto, donde introducimos el nombre de nuestra ciudad (p.e. Bilbao). Una vez se ha buscado la ciudad, aparecerá una lista de todas las coincidencias, con sus coordenadas geográficas. Nuevamente, hacemos clic en el nombre de la ciudad y de forma instantánea aparecerá una página con todas las predicciones posibles para nuestra localidad: no sólo visibilidad de satélites, sino también planisferios, planetas, cometas, etc.

Podemos obtener una detallada información para cada una de estas predicciones. En el caso de los satélites, se puede generar una carta celeste de localización en el que se muestra su trayectoria entre las constelaciones.

Con las predicciones en mano, lo único que nos resta es salir a cielo descubierto y mirar hacia arriba. A diferencia de Moonwatcher, nosotros conocemos algunas respuestas.

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