Cuaderno de Bitácora

Así en la Tierra como en el Cielo

1 Observando desde el Roque

Cuatrocientos años atrás, Galileo Galilei era un genio, a la vez incomprendido y admirado por sus contemporáneos. Su visión de que el universo era un lugar que el ser humano podía descifrar a través de la observación cambió para siempre nuestra concepción, no sólo de la posición relativa de los planetas con respecto al Sol, sino de nosotros mismos. A su forma, nos dejó un mundo mejor. Para honrar su legado, los italianos instalaron un telescopio en uno de los tres o cuatro mejores lugares de todo el planeta Tierra para la observación astronómica: el Roque de los Muchachos.

No es de extrañar que una de mis mayores satisfacciones personales ocurriera cuando tuve la oportunidad de visitar el Roque en 1999. Durante varios días comprobé cómo trabajan astrofísicos e ingenieros para poner a punto el Telescopio Nazionale Galileo. Acostumbrado a la polución lumínica de Gran Canaria, al salir fuera del edificio la primera noche, me sorprendí al estar rodeado de una oscuridad total. Quedé sobrecogido. Comprobaba en aquellos momentos, con mis propios ojos, por qué los cielos de La Palma son todo un patrimonio de la Humanidad.

Aunque los europeos (y alguno de nosotros) hayan descubierto este tesoro palmero en fechas recientes, los aborígenes ya disfrutaban de nuestros cielos. Investigaciones realizadas en las últimas décadas han revelado que las islas son ricas en asentamientos arqueoastronómicos. Los aborígenes idearon calendarios con la sola ayuda de la meticulosa observación, palos, piedras, roques y montañas. Esto demuestra que los antiguos pobladores de las islas eran algo más que simples cavernícolas. Eran personas de carne y hueso, con sus pasiones y miserias. ¿Cuántos guanches pasarían las noche en vela en el Roque observando el cielo? ¿Qué se imaginaban cuando, atónitos como yo, contemplaban la belleza hiptonizadora de la Vía Láctea? ¿Se inspirarían en las estrellas para reflexionar sobre su vida y su futuro?

Mi opinión es que probablemente los aborígenes se preguntarían, en aquellos instantes, cómo hacer de esta tierra un lugar más próspero para sus hijos, cómo hacer que sus seres queridos no sufrieran o cómo honrar la memoria de sus antepasados. Quizás, incluso, existieron aristóteles guanches que trataron de comprender el origen de las rocas, de los dragos, de los volcanes y de los propios humanos. De lo que no tengo duda es que ni las preguntas ni las respuestas cambiaran sustancialmente, generación tras generación, porque no poseían las herramientas de pensamiento y tecnológicas necesarias.

2 La necesidad de la Ciencia

En el año de la muerte de Galileo nació Isaac Newton. Newton explicó, como nunca otra persona en la Historia, fenómenos tan diferentes mediante reglas matemáticas tan simples. Ante la atenta mirada de Newton, ni la caída de una manzana, o el movimiento de la Luna sobre la Tierra o el origen del arco iris, pudieron guardar sus secretos. Es difícil imaginar en qué mundo viviríamos hoy sin las aportaciones de Newton a la Ciencia. En memoria de Sir Isaac (posiblemente el cerebro más lúcido que ha tenido la oportunidad de pisar la Tierra) se levanta otro telescopio en el Roque de los Muchachos.

La Ciencia, de espíritu griego, tiene una hija llamada Tecnología, de espíritu romano, más práctico. Todas esas alocadas ideas de Galileo, Kepler, Newton y tantos otros personajes, han permitido que hoy en día disfrutemos de inventos tales como la televisión, la ecografía, los satélites, los anticonceptivos... La tecnología modifica la forma de relacionarnos entre nosotros. Sin Ciencia no hay Tecnología. Sin Tecnología, no hay sociedad moderna. Pero ni la Tecnología, ni la Ciencia son nuevas religiones. No nos hará, per sé, ni mejores ni peores personas.

La Ciencia y la Tecnología han hecho de nuestro futuro una incógnita. No conocemos en qué tipo de sociedad viviremos dentro de dos décadas. Y no sabemos qué planeta le dejaremos a nuestros hijos. ¿Por qué debemos invertir en Ciencia, entonces? Al igual que la Filosofía, la poesía o el Arte, la Ciencia explora nuevos espacios en el espíritu humano. Estas actividades, y en especial la Astronomía, sirven de inspiración y sitúan nuestros prejuicios en sus límites.

3 Inversiones de futuro

Por vez primera en la historia, los palmeros tienen algo imperecedero que ofrecer al acervo cultural de la Humanidad. Desde La Palma, se hace ciencia de vanguardia.

El Observatorio del Roque de los Muchachos posee algunos de los telescopios más poderosos del mundo. En los pasillos del William Herschel se conserva una placa conmemorativa con su récord mundial como tercer telescopio más grande. Tal y como es conocido, hace década y media los canarios cedimos la materia prima más preciada para los astrofísicos: unos excepcionales cielos y una pequeña extensión de terreno donde situar telescopios.

En un intercambio inteligente y beneficioso para todos, varios países europeos instalaron sus telescopios en el archipiélago, a cambio de una parte sustancial de su uso. Este acuerdo permitió que astrofísicos de nuestra región, y de nuestro país, desarrollen su carrera aquí mismo. Hemos tenido acceso a instalaciones e instrumental avanzado. Y como consecuencia, ahora disponemos de una generación de científicos cuyos trabajos que, en ocasiones, llegan a ser portada de periódicos y televisiones de medio mundo.

Pero el tiempo pasa y no perdona. Como simples electrodomésticos, con el transcurrir de los años, los telescopios más avanzados quedan desfasados y deben reemplazarse por otros más eficaces. Aunque quisiéramos congelar los momentos de la inauguración y saborear su gloria, los ingenieros europeos y americanos, que tradicionalmente han estado en la vanguardia de la astronomía, no cesan de diseñar telescopios e instrumentos de nueva generación, que dentro de una o dos décadas darán respuesta a las preguntas que aún hoy están por descubrir.

En los últimos tiempos, se ha hecho un gran esfuerzo por explicar a las autoridades que no podemos vivir eternamente de las rentas. Ya estamos preparados para coger las riendas de nuestro destino científico y tecnológico, y demostrar lo que realmente somos capaces de hacer. Esa es la apuesta del Gran Telescopio Canarias, el que será, durante un tiempo, el más grande del mundo. Será un telescopio made in Spain y rivalizará con instrumentos americanos y europeos (e, incluso, con el mismísimo Telescopio Espacial). Aún así, tarde o temprano, el Grantecan también quedará superado.

La astrofísica no es muy diferente a un deporte cualquiera. Aunque el Roque de los Muchachos está entre los grandes equipos del mundo, los rivales tienen mejores "jugadores": los dos Keck de 10 metros y el Gémini Norte en Hawaii; y los cuatro VLT, el Gémini Sur y Subaru de 8 metros, en Chile. Estaremos a la cabeza de la carrera telescópica cuando el Grantecan vea la primera luz. Ahora, La Palma está en disposición de hacerse con los servicios de nuevos valores, de esos que sin duda marcan la diferencia. Estos cracks no se fichan a golpe de talonario. Hay que negociar con sus representantes para que jueguen en nuestro conjunto. También podemos elegir las condiciones con las que deseamos participar en esta liga. Pero debemos tener en cuenta que, con tan pocos equipos y jugadores, las opciones están limitadas a si queremos estar en la partida o no. A medio plazo, no existe la segunda división.

Por estas y otras razones, desde el Instituto de Astrofísica de Canarias cuidan que sus observatorios sean una opción atractiva para otras entidades internacionales.

4 La ecología que vino de las estrellas

Parte de ese atractivo es que el Roque continúe siendo un lugar natural excepcional. Por eso, se deben exigir todos los esfuerzos posibles (e imposibles) para su correcta conservación.

Muestra de ello es la Ley del Cielo de Canarias, un ejemplo más de cómo desde las islas estamos dando lecciones a nivel mundial. Esta ley de protección de la calidad del cielo no sólo sirve para su cometido principal, el que los astrónomos tengan un cielo oscuro, sino que recupera el hábitat de aves y otros animales de vida nocturna. Para regocijo de todos los que deseamos conservar la Naturaleza y abogamos por un desarrollo sostenible, la protección del cielo supone además un ahorro energético que se traduce directamente en la reducción de la emisión de contaminantes. De paso, se controla la emisión de gases de invernadero, principales culpables, a decir de los expertos, del calentamiento global.

No es de extrañar, por tanto, que en Cataluña, Madrid, Andalucía y otras comunidades españolas se hayan aprobado, o estén en estudio, leyes para las cuales la nuestra sirve de referencia casi única. Incluso en países con tan escasos recursos celestes como la República Checa se aprobó, en mayo de este año, una Ley a imagen y semejanza de la del Cielo de Canarias.

5 Ciencia y sociedad

Aunque estos y otros logros nos parezcan suficientes para estar satisfechos, creo que desde el Instituto de Astrofísica de Canarias se debe hacer mucho más por acercar los observatorios a toda la sociedad canaria. En este sentido, las tradicionales jornadas de puertas abiertas se quedan pequeñas. Son muchos los que, como yo, sueñan con venir a La Palma para contemplar con sus propios ojos los excepcionales cielos de la Isla Bonita, pero no pueden traer a cuestas sus modestos telescopios. Por eso, iniciativas como las de construir algún centro en La Palma para facilitar este turismo de calidad son bienvenidas.

Mientras llega ese día, el IAC debe poner en marcha ya mismo iniciativas destinadas a que los canarios sintamos los observatorios como parte esencial de nuestra sociedad, especialmente entre los niños. En EEUU no son pocos los recursos que se destinan para que los estudiantes utilicen algunos de sus telescopios en actividades educativas, de las que se ha de tomar buena nota. En los observatorios del Roque de los Muchachos y del Teide se pueden organizar actividades periódicas para los jóvenes, desde charlas de introducción, pasando por campamentos, a sesiones de observación, mediante algunos telescopios destinados a tal cometido. La ciencia no puede seguir encerrada entre las paredes de los centros de investigación. Tiene que salir a la calle y entrar, como mínimo, en las aulas de nuestros hijos.

No es una cuestión de imagen. Es preciso que desde las instituciones educativas y científicas se preste una adecuada atención a la formación de nuestros jóvenes. De ellos dependerá la prosperidad de nuestra tierra y su futuro no está garantizado con la agricultura o el turismo. Y aunque no hubiese ningún beneficio directo, una sociedad con buena formación científicotecnológica podrá opinar sobre las cuestiones, cada vez más complejas, que afectan a nuestro porvenir. Hay que sembrar la semilla hoy para recoger frutos mañana. Y eso, es responsabilidad de todos.

6 Conclusión

La astronomía ha cambiado la forma de pensar sobre nosotros mismos y nuestro entorno. Nos ha enseñado a valorar la fragilidad del planeta que habitamos. Nos mostró que las fronteras no existen cuando vemos la Tierra desde el Espacio. Nos demostró que los problemas de nuestros vecinos no nos son en ningún modo ajenos. En definitiva, que lo de la Aldea Global no es cuestión de opiniones o política.

No se me ocurre, pues, mejor forma de honrar la memoria de nuestros antepasados, como aquellos aborígenes que escudriñaban el cielo desde las cumbres canarias, que continuar en busca de respuestas a sus interrogantes y seguir trabajando por hacer de éste un mundo mejor para nuestros hijos. Nosotros, podemos.



22 de julio de 2002
Víctor R. Ruiz
Para los amigos de la AA Isla de la Palma

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