Cuaderno de Bitácora

La Guerra Santa de la Free Software Foundation

En estos últimos días han existido varios debates interesantes, tanto en Barrapunto como en otros sitios, sobre qué debe ser entendido por libertad en la producción de software. Uno de esos debates públicos ha sido entre Tim O'Reilly y Richard Stallman, a quien ayer se unió también Eric Raymond y Alan Cox. Richard Stallman desea que la información se distribuya libremente. Pero la libertad de información está limitada por una serie de condicionantes culturales, económicos y de derechos hacia la privacidad. Por tanto, tampoco todo el software tiene por qué ser libre. Por el mismo precio, en el artículo que se expone a continuación se definen conceptos de software cerrado, propietario y comercial.

La GPL en el ojo del huracán.

Richard Stallman argumenta, en líneas generales, que sólo debe existir software libre. Tim O'Reilly y Eric Raymond, por su parte, argumentan que la libertad reside en la capacidad de elección del programador para producir software ya sea abierto o cerrado. Stallman ha recibido, a partir de este debate, muchas críticas sobre todo desde EEUU. En Barrapunto, sin embargo, parece que buena parte de los comentarios se decantan por la opinión del fundador de la Free Software Foundation.

Curiosamente, este debate viene después de que el principal programador de la glibc se quejara de las continuas presiones ejercidas por Stallman para controlar la política de licencias de esa biblioteca fundamental de Linux. Este programador, como Linus Torvalds, entienden que la GPL original deja mano de obra a la Free Software Foundation modificar las intenciones originales del programador. La GPL, usada tal cual promueve la FSF, afirma que se aplicará la licencia en su versión actual o en las condiciones que de las versiones posteriores cuando aparezcan. Esto da mucho poder a la Free Software Foundation, un poder incluso superior al de Microsoft, porque Microsoft sólo controla sus propios productos (y los que puede adquirir).

Hay programadores que opinan que la GPL además atenta contra su propiedad intelectual y prefieren otras licencias como Apache. De hecho Richard Stallman afirma que «el software libre no debería tener propietarios». Pero ¿qué es un propietario intelectual? ¿Es lo mismo software de pago que software propietario? Veamos las diferencias.

La matriz tecnológica de Burton.

Craig Burton escribió hace tiempo en Linux Journal una matriz en la que dividía a la tecnología y que en su weblog ha ido comentando de vez en cuando. Sin embargo, tal y como me detalló, su idea es representar la accesibilidad de la tecnología y no tanto los atributos del software. Haré por tanto una versión extendida en el siguiente Diagrama del Software:

 
                  abierto
                     ^
                   P |
                     |
                     |      dominio
   propietario  <----+----> público
                     |
                     |
                   G |
                     v
                  cerrado


En general, se entiende erróneamente que el código propietario es cerrado. Es una falacia. Propietario se refiere a la propiedad intelectual, es decir, que el autor original es reconocido como tal y es a quien se le concede por tanto una serie de derechos sobre su obra (copyright). Lo contrario de propietario es público. Por ejemplo: un coche es propiedaad de una persona, pero una carretera nacional pertenece al Estado (es de dominio público). El software propietario puede ser también software abierto. Pongamos el caso, por ejemplo, del núcleo de Linux: los autores poseen la autoría de su código y ceden públicamente los derechos de distribución, copia y modificación bajo unas condiciones especiales (la GPL).

Pongamos otro caso, como el de MS Pocket PC: el código es "algo abierto", pero también es propietario. ¿Puede existir algo cerrado y a la vez de dominio público? Efectivamente: las patentes. Al expedir una patente, el autor original cede los derechos de la obra y a cambio recibe los beneficios para explotar el invento durante unos años, pero al finalizar ese periodo, el invento pasa a ser accesible por cualquier particular o empresa.

También hay que diferenciar el código propietario y cerrado del comercial (o de pago). No son lo mismo, nuevamente. El software comercial puede ser abierto o gratuito. Por ejemplo, varias de las bibliotecas que Borland usa en sus aplicaciones vienen con el código fuente y son modificables por el usuario, pero ha de adquirir una licencia de sus programas para tener ese derecho (en el diagrama la posición de este producto está marcada por una [P] de "pago"). Además, podemos tener código propietario, cerrado pero gratuito, que es el famoso "freeware". (Dejamos al lector la práctica con el diagrama para el caso del "shareware").

Stallman y la propiedad.

Richard Stallman escribió un artículo titulado "Por qué el software no debe tener propietarios" que quisiera aclarar para que entendamos claramente tu opinión. Stallman afirma:


  • «Las tecnologías digitales son más flexibles que la imprenta: cuando la información adopta forma digital, la puedes copiar fácilmente para compartirla con otros. Es precisamente esta flexibilidad la que se ajusta mal a un sistema como el del copyright».
  • «Los propietarios usan palabras difamatorias como "piratería" y "robo", al igual que terminología experta como "propiedad intelectual" y "daño", para sugerir una cierta línea de pensamiento al público (una analogía simplona entre los programas y los objetos físicos)».
  • «Los propietarios a menudo describen el estado actual de la ley, así como las duras sanciones con las que nos amenazan. En este enfoque va implícita la sugerencia de que la ley actual refleja un punto de vista moral incuestionable»
  • «La segunda razón es que a la gente se le ha dicho que los derechos naturales de los autores son una tradición aceptada e indiscutida de nuestra sociedad. Desde un punto de vista histórico, sucede justamente lo contrario».
  • «La sociedad también necesita libertad. Cuando un programa tiene un propietario, los usuarios pierden la libertad de controlar una parte de sus propias vidas».

En definitiva, de forma natural, la información quiere ser libre (o al menos, el software). Sin embargo, creo que Stallman yerra en algunas de sus argumentaciones.

Hay una cuestión básica y es que Stallman afirma que se opone a la propiedad del software. Como hemos visto, existe una gran diferencia entre software cerrado, comercial y propietario. Son conceptos diferentes. Stallman se está oponiendo no a la autoría que concede la propiedad intelectual, sino los derechos que vienen asociados con ella (el copyright).

Stallman trata de aplicar al software el mismo criterio que sucede en matemáticas, por ejemplo. Si alguien desarrolla una teoría matemática, cuando es expuesta al escrutinio de la comunidad científica y es aceptada como válida, de ahí en adelante, aunque la propiedad intelectual de la obra corresponde a su autor, la aplicación, modificación y mejora de dicha teoría es pública. Con el software, la FSF desea lo mismo.

¿Pero por qué solo al software? Pongamos un fabricante de automóviles que invierte miles de millones en el desarrollo de un motor de agua: podrían existir otras empresas capaces de explotar esa patente y de hecho beneficiarían mucho al mundo. Pero Stallman defiende que copiar software, en principio, es más fácil que fabricar coches (algo que es cierto si y solo si tienes los medios adecuados).

Entonces ¿es sólo o el software o cualquier información la que Stallman quiere hacer libre? Por ejemplo, este escrito que estoy haciendo en estos momentos ¿qué ocurre si no quiero que se publique, o sólo quiero que lo lean unas cuantas personas de mi entorno? ¿No es lógico que como autor de este escrito sólo yo tenga derecho a decidir qué hacer con él? ¿Qué ocurre si decido que sólo aquellos que paguen tienen derecho a leer el escrito?

Por ejemplo, Napster se lucraba gracias a los músicos que en ningún momento le habían dado su permiso a esta empresa para redistribuir sus obras. O en el caso de Freenet u otras redes P2P, alguien obtiene un beneficio de una obra y su autor no es compensando de ninguna forma: se actúa en contra de su propia voluntad al no querer que la música en el caso de Napster llegue a todos. Según el fundador de la FSF, la voluntad de la mayoría quedaría por encima del derecho del autor. Por ejemplo, si yo grabo una canción hortera y se la paso a un colega, inmediatamente, según la FSF, esa canción pasaría a ser automáticamente pública, aunque yo no desee que se distribuya porque, en este caso, creo que atenta contra mi imagen (canto fatal).

Según Stallman, lo natural es que los seres humanos desean compartir información. Sin embargo, aunque no sea natural, esa libertad para intercambiar información ha sido restringida por los estados para, entre otras cosas, respetar la intimidad de las personas. Nadie puede quebrantar un sobre postal, salvo sentencia judicial. Ninguna empresa o persona debería tener mis datos personales sin mi consentimiento (ley LORTAD, en España), saber cuánto dinero tengo en el banco o mi secuenciación genética. También era natural que nos matásemos, pero esa libertad también ha quedado restringida por la Carta de los Derechos Humanos y las leyes de los Estados.

Por tanto, aunque sea "natural" que las personas queramos que la información sea libre, los Estados han impuesto unas normas que limitan esa "libertad" y es ese mismo Estado quien otorga unos derechos (como el de restricción de distribución) a los autores de las obras. (Como añadido, En España, ningún autor puede renegar de la propiedad intelectual de su obra, pero sí ceder los derechos de distribución). No parece que la autoridad de la naturaleza sea un argumento de peso ni tampoco que el defender que los ciudadanos deben tener cualquier tipo de libertad. Formar parte de una sociedad implica necesariamente aceptar una serie de normas, algunas firmemente establecidas y otras que son adaptables al cambio de los tiempos.

De hecho, Richard Stallman sí cree que la información debería circular libremente, al menos aquella que considera socialmente útil. Sin embargo, afirma que «no estoy seguro de qué es lo que debemos hacer en cuanto a la publicación de versiones modificadas de obras estéticas». Pero todo software según él es calificable de útil y ninguno es estético, fronteras que en realidad no so nada claras.

Concluyendo. Aunque los seres humanos quieran compartir cualquier información libremente y la informática lo facilite, los Estados imponen restricciones a dicha libertad y conceden derechos a los autores. Si la FSF o la EFF argumentan que el código es una forma de libertad de expresión, también parece lógico que esté sometida a leyes similares que limitan la libertad de expresión, como la de que un Ministro no puede facilitar información privilegiada a las empresas que más le convenga.

Libertad.

Dave Winer (UserLand) relata y opina sobre el debate de la siguiente forma: «un debate entre Stallman y O'Reilly revela que "nosotros en el Movimiento del Software Libre no nos oponemos a los negocios. Pero hemos visto lo que pasa cuando una compañía de software tiene la 'libertad' para imponer reglas arbitrarias a los usuarios del software. La conducta de Microsoft ilustra hasta donde puede llegar ese poder". Vaya, muchas gracias (lo siento por el sarcasmo). Algunos de nosotros tenemos ética y valores, muchos desarrolladores valoran la libertad para todos. Microsoft no es nuestro modelo de conducta. Tu argumento parece bastante flaco Richard».

Sobre estas palabras de Stallman, «nuestros criterios sobre el software libre especifican qué libertades tiene que ofrecer un programa a sus usuarios para que puedan cooperar en una comunidad», Craig Burton (el autor de la Matriz Tecnológica) afirma «el énfasis a considerar es el "tiene" de la frase. Aquí está la distinción [...] La cuestión de la libertad de elección no es una cuestión de "bueno" o "malo". Esto no es una decisión moral. La distinción es "elección" o "sin elección". Elección funciona. Sin elección no funciona».

Una misma palabra, libertad, invocada por distintas personas con diferentes visiones.

Un punto en común.

Lo que queda claro es que ninguna empresa debería ser tan importante como para controlar nuestras vidas. Igual que existen leyes para proteger a los consumidores en los productos alimenticios, garantizando unos mínimos de calidad, también se hacen necesarias leyes que garanticen un servicio mínimo a los consumidores de software. El "libertad para innovar" de Microsoft significa que no desea que los estados regulen sus actividades y productos.

Sin embargo, tampoco creo que las aspiraciones de la Free Software Foundation sean lícitas a corto plazo. Es obvio que las sociedades en las que vivimos funcionan gracias a convenciones que tienen poco que ver con las organizaciones prehistóricas: ¡afortunadamente! Si los gobiernos sancionaran una ley para prohibir el software cerrado mañana mismo, miles de personas quedarían en la calle (el símil sobre con las patentes sobre vacunas con el SIDA nos parecen a muchos desproporcionado). Generalizando, el software cerrado no atenta contra la salud, ni ningún derecho fundamental de ninguna persona. Algunas personas sí lo creen, porque poseen otro punto de vista ético. Tratar de imponer alguna de las dos visiones, sólo software libre o sólo software cerrado, es un juego en el que muchos que no queremos entrar.

Personalmente, estoy con Craig Burton en que «sin elección, no funciona». Los autores deberían tener la capacidad de elegir con qué tipo de licencia deben publicar sus obras. Los derechos que se adquieren con la propiedad intelectual (el copyright) son un incentivo a los autores para continuar produciéndolas. (El símil de las patentes biotecnológicas, nuevamente, es desproporcionado, porque el software cerrado no antenta contra la salud, ni con los derechos fundamentales de nadie). Los postulados defendidos por la Free Software Foundation se basan en principios morales que no todos compartimos: están en su derecho de tratar de convencernos, tanto como lo está Microsoft. Es una Guerra Santa entre religiones. Con su permiso, me declaro ateo.

El propio Stallman ha propuesto algunos compromisos entre su visión de sólo software libre y la del cerrado: se podría limitar los derechos de explotación del software cerrado durante un periodo (por ejemplo, 5 años) y a partir de ahí las fuentes serían de dominio público. Esto es muy similar a cómo funcionan las patentes. Además, se podría ejercer el derecho a la publicación de las fuentes si la empresa quiebra y no transfiere la propiedad intelectual. Así, los usuarios poseerían mayores garantías sobre el software que compran. El programador o productor del software aún tendría capacidad de decisión para poner su software en una licencia libre o en una cerrada.

Por supuesto, las administraciones públicas no deberían estar encadenadas al software cerrado para su correcto funcionamiento. En caso de que la empresa que les ha suministrado un producto quiebra (o cierra su filial en el país) comprometen el servicio público que prestan. Además, el software de las administraciones públicas, más incluso que el de las empresas particulares, debe responder a unas medidas de seguridad y privacidad de datos que no se garantizan mediante el software cerrado (no es la primera vez que acusan a ciertos fabricantes de software cerrado de esconder "puertas traseras"). En estos casos, las administraciones públicas, al menos, deberían exigir los fuentes de los programas a sus proveedores para someterlos a un escrutinio.

Suena extraño que alguien que supuestamente defiende el software libre tambien defienda el software cerrado, y que además permite que se distribuya la información astronómica que produce en la Red libremente. Sin embargo, creo que también tengo que defender los derechos de quienes desarrollan software cerrado y publican información de forma restringida, porque me parece que están en su derecho si así lo desean. Tanto, como que estoy convencido de que, en un futuro, el software libre (software abierto, modificable y redistribuible) se impondrá por sus ventajas y hará innecesario y fútil este debate.

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