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{ La responsabilidad social de la comunicación científica }



Ya se han estrenado más de la mitad de episodios de la nueva serie de Cosmos, y sigo sosteniendo que estamos ante una serie excepcional. Aunque las imágenes no siempre acompañan, el guión es muy bueno -y por eso, los pequeños errores, chirrían. Lo que parece quedar claro de esta nueva versión de Cosmos es que los guionistas se han tomado en serio su lucha contra las creencias anticientíficas.

En casi todos los episodios de Cosmos nos encontramos con uno o varios contraargumentos dedicados a los creacionistas, grupos religiosos que creen en una interpretación literal de la Biblia. En el capítulo 7 de "Cosmos: Una odisea en el espacio-tiempo" cuentan la historia de un geoquímico estadounidense, Clair Cameron Patterson. Este científico, tras muchos años de investigación, comparó la abundancia de isótopos de plomo en las rocas terrestres y en los meteoritos, y determinó en 1956 la edad de la Tierra con mucha precisión, unos 4.550 millones de años. El propio Neil Tyson cuenta en el mismo episodio el origen de la creencia creacionista de que el Universo fue creado hace 6.500 años, usando referencias a algunos personajes históricos que aparecen en el Antiguo Testamento.

Sin embargo, para mi una de las cuestiones más destacables del episodio es cómo la búsqueda de conocimiento científico se convierte en una cuestión de responsabilidad social. Uno de los problemas a los que se tuvo que enfrentar Clair Patterson para calcular la abundancia relativa de isótopos de plomo fue la contaminación de plomo en el ambiente. ¿Provenía de una fuente natural? Patterson pensaba que no, que debían provenir de los escapes de los coches, ya que desde 1923, la gasolina incluía tetraetilo de plomo. Pero debía probarlo. Para ello, estudió las concentraciones históricas de plomo en los océanos y en los hielos polares. De esta forma concluyó que los niveles de plomo habían crecido en el Hemisferio Norte en la época en la que el tetraetilo de plomo comenzó a usarse en la gasolina. Demostrada su hipótesis, y conociendo la toxicidad del plomo, Patterson comenzó entonces una campaña para denunciar su uso en la gasolina y exigir su retirada del mercado.

Bill Bryson también da cuenta de la historia de Patterson en su enciclopédica y entretenida Una breve historia sobre casi todo. Pero para el geoquímico estadounidense lo que continuó no fue nada divertido. La Ethyl Corporation comenzó a presionarlo. De esta forma, tanto el Instituto Americano de Petróleo como el Servicio de Salud Pública de EEUU le retiraron la financiación para sus investigaciones. Empresarios del plomo intentaron que el Instituto Tecnológico de California, donde trabajaba Clair C. Patterson, lo despidiera o al menos, silenciara sus críticas.

Además, Patterson tuvo que vérselas con sus colegas de su profesión. En “Cosmos” muestran cómo Patterson luchó contra la opinión científica de Robert Kehoe. El doctor Kehoe era el asesor médico principal de Ethyl Corporation. Las empresas petroquímicas habían financiado generosamente el Laboratorio Kettering del Dr. Kehoe en la Universidad de Cincinnati. A finales de los años 20, Kehoe afirmó que no había ninguna evidencia para concluir que el combustible con plomo supusiera ningún riesgo para la salud. Además, convenció al Cirujano General (asesor de la Presidencia en asuntos de salud), que no existía ningún efecto adverso por debajo de cierta dosis, que situó en 100 µg/m3. La influencia de Robert Kehoe, y la de sus mecenas, retrasó durante décadas la prohibición del uso de plomo. El Principio de Kehoe, aún en plena vigencia, aconseja que, en ausencia de evidencia de riesgos, lo mejor es no actuar.

Tras muchas investigaciones, al final se vio que Patterson tenía razón, y en 1973 se aprobó una ley en EEUU para la eliminación gradual del plomo en la gasolina. Cada vez que vamos a una gasolinera y leemos “sin plomo”, podemos recordar que es gracias a un geoquímico que investigaba la edad de la Tierra.

¿Científicos al servicio del interés público?

PZ Myers opina que el guión de Cosmos es muy generoso con Robert Kehoe, dada su responsabilidad en un asunto mayor de salud pública. Y seguramente está en lo cierto. Desde que Carl Sagan estrenara Cosmos en 1980, muchas cosas han cambiado. Así como el Cosmos presentado por Tyson denuncia las creencias creacionistas y el abuso de las empresas, Sagan estaba obsesionado con la influencia de las pseudociencias, pero sobre todo, por el peligro que suponían las armas atómicas. No era el único. Muchos de los padres del Proyecto Manhattan, que desarrolló la bomba atómica, se convirtieron en anti-militaristas tras la finalización de II Guerra Mundial. Pero sus esfuerzos dieron pocos frutos, porque EEUU y la URSS se enzarzaron en una carrera armamentística que puso a nuestra civilización al borde de un conflicto de proporciones apocalípticas.

Tras el estreno de Cosmos, Carl Sagan se convirtió en un activista político en contra de la carrera armamentística. Fue uno de los autores de la teoría del invierno nuclear, del cual alertó. Y concretamente se opuso al proyecto Iniciativa de Defensa Estratégica, también conocido como “Guerra de las Galaxias”. Sagan, convertido en personaje mediático gracias (en buena parte) a Cosmos, se enfrentaba así a los planes del presidente Ronald Reagan, pero sobre todo a los de Edward Teller, el padre de la bomba de Hidrógeno. Teller, físico húngaro emigrado a EEUU, fue uno de los principales promotores de la “Guerra de las Galaxias”, un escudo antimisiles intercontinentales. El problema es que esta iniciativa podía poner en peligro el equilibrio (altamente inestable) de la Destrucción Mutua Asegurada, que prevenía el ataque preventivo de cualquiera de los bandos. Finalmente, fueron las reformas impulsadas por Mijail Gorvachov en la URSS las que acabaron con la Guerra Fría.

Quizás sea normal que ahora Cosmos no esté tan preocupada por el papel de los científicos en la esfera pública. Pero tanto antes como entonces, las empresas privadas y los gobiernos tienen agendas que no siempre coinciden con el interés general. Las empresas petroleras continúan teniendo en su nómina a científicos dispuestos a sembrar dudas. Los países continúan financiando el desarrollo de armamento de alta tecnología. Y en ocasiones, las fronteras entre los intereses privados y públicos ni siquiera están claros. Tal y como explicaba en mi charla de Naukas Bilbao el año pasado, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) contrata a un tercio de todos los matemáticos del mundo. Los documentos revelados por Edward Snowden indican que han implementado, y hasta subvertido, tecnologías para espiar Internet a una escala global, y no tanto para la lucha antiterrorista, como para el espionaje comercial.

Sin embargo, nuestros mensajes a la hora de divulgar ciencia suelen ser tan neutrales como Cosmos con Kehoe. La divulgación científica se ha convertido en una gran campaña de propaganda para lavar la imagen de la ciencia. Y de esta forma hemos olvidado algunas de las más dolorosas lecciones de la humanidad. El cliché de científico loco puede parecer eso, un mito, pero las bombas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki no fueron creadas por malvados militares. No podemos mirar hacia otro lado pretendiendo que no son científicos e ingenieros los que desarrollan tecnologías que luego se usan para espiar a miles de millones de ciudadanos o acabar con civiles mediante control remoto. Hoy como ayer, es nuestro deber hablar tanto de la pasión por el conocimiento, como criticar la colaboración de científicos en proyectos que ponen en riesgo nuestra sociedad. Es nuestra responsabilidad como comunicadores científicos.

Referencias
- Clair Patterson and Robert Kehoe's paradigm of "show me the data" on environmental lead poisoning.
- Patterson and Kehoe, and the great lead debate, PZ Myers.
- Maths spying: The quandary of working for the spooks, New Scientist.

Esta entrada participa en la campaña de Global Voices #LunesDeBlogsGV.

Publicado el 2014-05-06 | 8 Comentarios | Enlace


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Comentarios

1
De: angelrls, El Lobo Rayado Fecha: 2014-05-07 10:14

Ya te lo comenté por Twitter, genial tus reflexiones. Y ciertamente hay que ponerlas en práctica.



2
De: rvr Fecha: 2014-05-07 11:11

Ángel: Sí, ahora con las redes sociales las conversaciones se han dispersado, pero aún así, se valoran igual :) Muchas gracias.



3
De: Moisés Fecha: 2014-05-07 14:02

Enhorabuena por la entrada, muy necesaria.

He apreciado con preocupación en los últimos años que se ha militarizado tanto la actividad contra las pseudociencias en círculos divulgativos y escépticos que la crítica a determinados usos o aspectos de la ciencia se vuelven tabú, so pena de parecer "del otro bando". Y al final criticar una cafrería farmacéutica te vuelve homeópata, por ejemplo. En ese aspecto me pareció muy atinado también el capítulo del plomo (en el último se vuelve a mentar la falibilidad del científico).



4
De: Jose Alcántara Fecha: 2014-05-07 18:19

Decía a un aula repleta de alumnos un profesor de química-física durante la carrera que «nada viene tan bien a la investigación científica como una guerra aquí y allá». No lo decía con ánimos de que promoviéramos el mal ni nada de eso... sencillamente observaba las cosas como fueron (y siguen siendo): las sumas más grandes de dinero que los Estados dedican a investigación es, de hecho, investigación con fines militares. Fue así en el proyecto Manhattan (paradigma de estas cosas) pero fue así con multitud de otras tecnologías, desde Internet (aunque el resultado fuera muy diferente) al radar que nos permite localizar aviones civiles desaparecidos.

Dicho esto, tu reflexión es harto necesaria. La divulgación científica peca de pesimista. Se ha asumido que a nadie interesa la ciencia y por tanto la labor básica es «promover» la ciencia en su faceta más básica (conseguir que guste). Tu enfoque es mucho menos sexy, pero mucho más elevado: reflexionar sobre el rol de la ciencia en el curso de la sociedad en que vivimos, más allá de «investigar mola porque nos permite tener placas solares, ¡únete a la ciencia!». Al admitir que de hecho la ciencia y sus desarrollos son una pieza clave de la sociedad en que vivimos por cuanto influyen dramáticamente en las cosas que sabemos y hacemos posibles, no sólo se hace divulgación, sino que se educa a las personas a «fiscalizar» la labor tanto del Estado como de los científicos que se pagan con nuestros impuestos. Parece buena idea :)



5
De: Anónima Fecha: 2014-05-07 23:50

[rvr] No podemos mirar hacia otro lado pretendiendo que no son científicos e ingenieros los que desarrollan tecnologías que luego se usan ... para acabar con civiles mediante control remoto.

[Anónima] Hmmm, pero es que muchas veces las tecnologías son de doble uso, justamente, y no son los que las desarrollan los responsables de su mal uso posterior.

Una vez puntualizado, esto, creo que lo suyo es criticar todo lo criticable, sean o no científicos o ingenieros los responsables...

Pero la crítica para ser realmente positiva, debe ser una crítica bien argumentada, y ahí es donde el aplicar razonamientos basados en el método científico, siempre que sea posible puede ser una gran ayuda.

Ahí quizá también tengan una responsabilizad los divulgadores científicos...

¡Abrazos pensativos! :)



6
De: rvr Fecha: 2014-05-08 03:41

Moisés: Hay diversas corrientes en los círculos divulgativos/escépticos. Pero es cierto que hay casos o temas en los que a veces es complicado manetener un debate en términos amistosos.

José Alcántara: Gracias por comentar por aquí, todo un placer :) Efectivamente, la relación entre ciencia y la "defensa" no es en absoluto nueva. Escuchaba a alguien hace poco que tanto Da Vinci como el propio Galileo, los grandes iconos del renacimiento humanista, trabajaron con muy poco remordimiento para los militares. Carl Sagan creía que la gente es curiosa por naturaleza, y que estaba convencido de preferirían ver un programa de televisión sobre ciencia "bien hecho" que otro tipo de contenidos más "vulgares". En ese sentido no era pesimista, sino demasiado optimista. Escribía esta entrada pensando en otros colegas divulgadores, blogueros o no. Con la facilidad de crear y distribuir contenidos, no me parece que debamos limitarnos a un solo estilo de divulgación, o de mensaje. Caben tanto los monólogos humorísticos cuyo objetivo es hacer pasar un buen rato, como las reflexiones de Cosmos con Clair Patterson, siempre que no perdamos de vista la autocrítica.

Anómina: Vale, a veces se desarrollan tecnologías de doble uso, de acuerdo. Pero no sé si quieres dar a entender que la norma es que las tecnologías se idean para uso civil y luego viene alguien malvado y les encuentra una aplicación militar. Yo casi me atrevería a argumentar que el caso general es el contrario. Además, cuando alguien está trabajando para el desarrollo de un vehículo autónomo con capacidad de llevar armas, tiene perfectamente claro su propósito. Y los matemáticos que crean algoritmos de cifrado secretamente vulnerables, para luego hacerlos pasar por estándares seguros, también.



7
De: Anónima Fecha: 2014-05-09 16:02

Bueno en realidad creo que lo que quería decir es que muchas veces las tecnologías se desarrollan sin realmente reflexionar sobre su uso y que está bien hacer un llamamiento a la reflexión, incluso cuando no es obvio desde el principio que la intención sea malvada...



8
De: rvr Fecha: 2014-05-09 16:19

Anónima: De acuerdo entonces :)



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